martes, 3 de marzo de 2015

Whiplash, ¿aceleras o arrastras?



Hace unos días platicaba con unos amigos acerca de las situaciones que se pueden presentar entre las groserías y los groseros, alguien aseveró que nada justifica ser grosero y que en ningún caso se pueden aceptar las groserías, me costó un poco aceptar tal sentencia más bien por cuestiones semánticas, grosería, grosero, son más que palabras, son conceptos más complejos y dignos de analizar, para concluir con el tema en aquella tertulia tan plural, cabe señalar que estoy de acuerdo con la aseveración en comento, solo puntualicé que existen personas las cuales por su estilo de hablar, de gesticular y su actitud en general sin llegar a ser groseros pueden generar en los interlocutores cierta reticencia, pero que sin duda es en estos interlocutores en sus dinámicas mentales y de personalidad, cuando se asume que alguien ha sido grosero con ellos, en algunos casos sin que esto sea real. Es un proceso de comunicación tan accidentado e influido por agentes externos que los malos entendidos proliferan y las relaciones se quiebran fácilmente. Dejemos esto.

   Obsesión por la excelencia es la premisa de Whiplash, los métodos se justifican en el objetivo; existen historias, ya sean películas u obras literarias, que tienen como intención buscar dentro del ser humano la bondad, el amor, la virtud en general y exaltar esas características con tendencias moralinas y con formulas éticas socialmente correctas, Whiplash no es ninguna de estas. Al único estilo militar de gritos, insultos e intimidaciones la película muestra la obsesión activa de un maestro de Jazz (qué mayor obsesión puede existir) por lograr la perfección en la ejecución y muestra también la obsesión pasiva de un músico baterista que recibe las embestidas del maestro en el afán de ejecutar con perfección.

   El ritmo vertiginoso de Whiplash es un recurso cinematográfico que pocos pueden domar, es como un caballo salvaje de chula melena o como un ejercito alejandrino en una batalla clásica. La película ha sido nominada y ganadora de innumerables premios alrededor del mundo, criticada positiva y negativamente, la virtud es que no pasa desapercibida, tan es así que se llevó tres estatuillas Óscar, mejor sonido, mejor montaje y mejor actor de reparto, es además una buena historia llena de diálogos precisos en el momento adecuado, aunque su principal guión es la música, ¡ah, bendita música! Las actuaciones no son medianas, actuar de baterista y que te salga bien es un acierto por sí solo, ni qué decir de J.K. Simmons, nació para el papel. El sonido es excelentemente acabado, la fotografía sin énfasis es decente y la dirección cinematográfica con tomas exactas aporta el elemento de genialidad.

   Un estudiante de música, baterista, es elegido para formar parte en la Banda del conservatorio donde estudia, desde el primer encuentro con el maestro y director de la Banda es asediado, vituperado y presionado por este, solo que interioriza diferente esa forma de ser tratado y lo canaliza a mejorar su ejecución del instrumento, situación que lo lleva a generar su propia obsesión con la música. El maestro encuentra un sinfín de maneras en las cuales presionar a su alumno, desde "picarlo" con otro baterista, hasta amenazar con separarlo de la banda, gritar e insultar es cotidiano. Un accidente de auto, muy bien logrado por cierto, llega a aclarar la situación de violencia en la que está metido el chamaco y decide ponerle fin por lo menos momentáneamente, lo expulsan de conservatorio por agredir al maestro y en un acto de vendetta aporta información para que este también sea expulsado. El destino los une en un bar en donde el maestro toca el piano acompañando al ensamble de casa, se toman unas copas e invita a su exalumno a tocar con una banda que armó y que entrará a un concurso. El final es épico y de proporciones legendarias.

   La violencia deja de ser negativa en cuanto no atente contra nuestra integridad física y psicológica, generalmente nos gusta maquillarla con palabras como revolución o ajustes, la obsesión y la violencia son elementos que Whiplash utiliza para regalarnos la perfección y la virtud, esto queda patente en, no puedo dejar de mencionarlo, una frase que le hace el maestro a los miembros de la banda antes de tocar en un concurso, palabras más palabras menos: — Los jueces vienen a ver a los mejores músicos de Nueva York o lo que es lo mismo, a los mejores músicos del mundo, toquen como tales y no como niñitas asustadas —. Esperemos que el director de tan grande película, Damien Chazelle, vuelva pronto con otra obra de estas proporciones.


martes, 24 de febrero de 2015

Birdman o la inesperada inspiración del señor González


La nostalgia de glorias pasadas, de repente, se yergue como algún estimulo, como un incentivo o, de plano, como un demonio que atormenta. Birdman es más que eso pero no deja de reventar en la cara del cine mexicano esa reminiscencia de la época en la que se hacía buen cine en el Ombligo de la Luna y por la cual, según el grado de esquizofrenia, sigue siendo un referente muy fuerte para volver a catalogar al cine de nuestro país en su conjunto como Cine Mexicano.

                Primero sería bueno hablar de la magnífica película que Alejandro G. Iñárritu ha logrado, de ese esplendido filme del cineasta chilango otrora locutor de radio, con el que conquistó la cumbre más grande de la cinematografía occidental. La película es impecable en sus elementos, yo en lo particular siempre agradezco y pondero la edición de sonido y la banda sonora que ambas en este caso se volaron la barda, el guión es elocuente sin ser genial, la fotografía es de la calidad ya acostumbrada por Lubeski, pero el acento, la gran cohesión de todos esos elementos creo que se da en las actuaciones, no hubo uno mejor, sí con más tiempo ante la cámara pero la intensidad de las actuaciones le imprimió a la peli una atmosfera de virtuosismo que se aprecia de principio a fin. El tema tiene la fuerza que solo puede tener una emoción humana, el miedo; ese miedo que nos hace sobrevivir en los momentos más potentes. Birdman es la historia de un hombre con miedo, es una historia impecable, sincera y virtuosamente contada y es la mejor película en un año que para los mexicanos es el peor año de nuestra película.

                Ahora, en cuanto a Alejandro, Amores Perros ya lo perfilaba como un grande de la dirección, 21 gramos refrendaba esa premisa, pero Babel y Biutiful nos mostraron a un bullente creador en espera de una idea con la que pudiera explotar, la obtuvo, la obtuvo lejos de casa, en Birdman por más esfuerzos que hizo, el sonidito de los tamales oaxaqueños entre otros, lo mexicano está ausente, por más que la fotografía y otros elementos omnipresentes tuvieran la mano creadora de un mexicano, no muestran la mexicanidad y qué bueno. El señor González está ya acostumbrado a los premios, cantidad y calidad de premios se ha llevado alrededor del mundo, merecidos por su enorme talento, dirigir una película es de complejidades estratosféricas.


                Un actor famoso por haber hecho el papel de Birdman, mi superhéroe favorito de antaño, está preparando una puesta en escena mientras es atormentado por su alter ego enmascarado, con metáforas de súper-poderes y súper-alucines la historia transcurre dentro de un teatro de Brodway en el que nuestro protagonista también dirige la obra, después de deshacerse de un mal actor se integra al equipo uno nuevo que pone de cabeza todo pero quien logra despertar de su letargo a Riggan, nuestro Birdman. Las relaciones personales al interior de esquipo que incluye parejas sentimentales, ex esposas, e hijas, se viven de manera muy intensa en las que Riggan debe mantener la calma para no sucumbir ante el miedo al fracaso; sucumbe, despavorido agarra una parranda, vuela, camina desnudo por Times Square, se dispara en la nariz en pleno estreno, en fin. Aunque el guión pareciera un circunloquio, el vigor con el que se enmarca la historia principal logra matizar y complementarlo.


                No conforme con lograr la realización de una de las mejores películas de principios de siglo, el señor González, ese chilango prieto y pretensioso, se tomó la osadía de dedicarnos el premio a los mexicanos que seguimos en el país, dedicación con su debida crítica al muy maleta actual gobierno. ¡Cuán desgraciado es ser parte de ese pueblo en desgracia! Y ¡Qué dichoso debe ser el ganar un premio y acordarse de sus desgraciados paisanos! Por qué no brindar el premio a su mujer y a dormir. No, a este genio de la cinematografía se le antojó levantar ámpula y ojalá eso haya sido un reto para que todos los González, prietos y pretenciosos de la ciudad y del país no nos dejemos amedrentar por la mediocridad que se levanta omnipotente y que la sombra de sus alas aun nos cubre como mexicanos.


viernes, 23 de enero de 2015

Cuéntame una de superhéroes


Bernardo Fernández
Bajo la máscara
México, Almadía, 2013




No soy fan de ningún cómic, los superhéroes no me atraen ni con imán, lo más seguro es que yo no sea un bicho raro en mi generación, sé de cierto que hay mucha gente a la que eso de los cómics y superhéroes no les parece atractivo para invertir su ocio. Adoro las artes plásticas, el diseño, la pintura, la escultura, me encanta la literatura, me fascina la música, pero desde el año pasado me ha intrigado un género literario casi sui géneris intitulado “Novela Gráfica” y que — yo creo que— no es otra cosa más que cómics para treintones irredentos como su servilletero.

   En mayo del año pasado, Bernardo Fernández, BEF, presentó su libro Bajo la máscara en el programa de revista cultural transmitido por el canal 4, Final de Partida. Al principio pensé que solo se trataba de un invitado más producto de lo ecléctico del programa, debo reconocer que al principio y gracias a mi animadversión por los cómics solo continué mirando el programa por la prosopopeya y la petulancia al alegar de Nicolás Alvarado, dos elementos llamaron mi atención, un robot gigante destruyendo Santa Fe y la portada del libro de BEF.

   Bajo la máscara llegó a mis manos a la semana siguiente, pero eso de no haber comprado un regalo para mi carnal Carlos en el día de su cumpleaños, hizo que así como llegó a mi librero también se fuera. El sábado pasado vi una bolsa en mi casa con tres libros dentro, uno de ellos era Bajo la máscara, me senté para ojearlo y de inmediato captó mi atención, en dos minutos comencé a reír con sus personajes y logró meterme a su historia. Para el miércoles pasado terminé de leerlo y me dejó un especial sabor de boca, un chilango talentoso nos regaló, a mi treintañera generación equis y a mí, una obra fenomenal, bien narrada, qué digo bien, genial y creativa, esta suculenta novela gráfica o “cómic para geeks de closet” es definitivamente una obra para que la lea todo chilango, las ilustraciones — las cuales no son muchas — corrieron a cargo del también talentoso Patricio Betteo.

   Situada en una Ciudad de México “paralela”, dos adolescentes con todo lo que eso significa, en los que más de uno se reflejará, combaten el crimen al tiempo que responden a sus hormonas y se adentran en el nuevo mundo que es para ellos eso de ser superhéroes, la historia es breve, bien llevaba y con buen ritmo, hay amor, música y esas reminiscencias agradables de un pasado cercano y que fue “glorioso”, siempre ganan los buenos. Bajo la máscara es una obra exquisita, su narrativa es buena si tienen chance de adquirirla y leerla no lo duden un segundo.



miércoles, 21 de enero de 2015

Águila que no cae, de Quentin Tarantino

Sin duda estamos acostumbrados a que el estilo de Tarantino nos lleva del drama a la comedia en un segundo y de regreso, una y otra vez, por supuesto con su dosis de “violencia innecesaria”, El Águila que no cae, su nueva película, no es la excepción, desde el tema políticamente incorrecto, el guión y el casting hasta el retrato de un Cuauhtémoc con su esquizofrénica sed de venganza, Tarantino nos regala una obra maestra a la cual la academia ha nominado solamente en la categoría de mejor banda sonora.

   Situada en el ocaso de la cultura mexica, a un año de la caída de Tenochtitlán cuando Cuauhtémoc, interpretado por Johnny Depp, es nombrado Tlatoani en un contexto de desolación, El Águila que no cae nos transporta a la ola de violencia e intolerancia que trajo la conquista del México prehispánico y nos mete a la cosmovisión de su último líder militar y religioso, el cual tiene como único objetivo la venganza y la resistencia por la ocupación española. Depp haciendo uso de sus grandilocuentes capacidades de actuación y con una caracterización digna de un premio, nos esboza la personalidad culta, mística y hasta a veces tierna del personaje que Tarantino construyó de manera cuasi perfecta con la ayuda de renombrados historiadores mexicanos y extranjeros, como son los polémicos Enrique Krauze y Lorenzo Meyer, entre otros.

   Tarantino establece, nuevamente, una reivindicación del vencido, dando giros inesperadamente esperados en la historia y sucumbiendo a su peculiar manera de establecer una vendetta ficticia la cual hace que más de uno en la sala de cine aplauda, gima, o asienta en alguna forma. Otra de las virtudes de la cinta es el provecho que saca en la fotografía, ejemplo de ello es cuando ubicado entre los volcanes, Cortés en su caballo negro con los ojos exageradamente abiertos mira y admira el Valle de México, o cuando en un momento del romance entre Cuauhtémoc y Malintzin, durante la noche, se esconde la luna entre las nubes y un manto de luciérnagas brota y los envuelve.

   La música es “el elemento” de la película, el maridaje perfecto, con participaciones originales de Ennio Morricone, el Huapango de Moncayo al estilo de Clint Mansell, el auto-cover de Los dioses ocultos de los Caifanes en la mencionada secuencia semiromántica entre los protagonistas, la delirante Simpatía por el diablo, el Cantus in Memoriam Benjamin Britten de Arvo Pärt, la hipnótica Gimnopedia No. 1 de Erik Satie, entre otros; la música ofrece la intensificación de las emociones como lo hace generalmente Tarantino, en el momento preciso, lo que le ha valido su única nominación.

   Otro gran acierto es el reparto, cosa que hasta ahora no se le complica a Tarantino. Aquí cabe mencionar que el director no se detuvo a imaginar diálogos en español o incluso en náhuatl, es una realidad que a los cinco minutos de comenzada la cinta esa esperanza se va y no regresa. Ya mencionamos al Cuauhtémoc de Depp; Ana Claudia Talancón como Malintzin, Christoph Waltz como un atormentado Hernán Cortés; al poderoso Cuitláhuac le da vida Javier Bardem; como un viejo y violento Moctezuma, Joaquín Cosío; Daniel Jiménez Cacho es Pedro de Alvarado y en papeles secundarios vemos casi equitativamente mexicanos y gringos, sin faltar el mismo Quentin en un breve y peculiar papel.

    La película es una genialidad más del director de Pulp Fiction, la recreación de Tenochtitlán desde diferentes planos, el diseño de arte que todo el tiempo mantiene la atmosfera prehispánica, el vestuario, el guión del que cabe destacar la secuencia durante una noche lluviosa en medio de una cena entre aztecas y españoles en donde Moctezuma es humillado por Alvarado mientras una serie de diálogos gira alrededor del grande y famoso penacho de plumas de quetzal, al cual según el guión, Moctezuma desprecia por la falta de ornamentos de oro y al intentar obsequiarlo a Alvarado éste lo asesina dejando caer una roca sobre su cabeza, todo esto envuelto en el frenesí de la cámara giratoria y la música de Morricone.


   Cualquier espectador no mexicano agradece una película así, en donde todo es impecable, pero el espectador mexicano no solo lo agradece, también se enciende y comparte la cólera de Cuauhtémoc quien da nombre a la película, el último líder mexica, el vengador, el ícono de la resistencia, el que según la película es un hombre de honor, profundo, sabio, astuto y quien no solo busca la muerte de Cortés para golpear al ejército español sino también por recuperar a Malintzin, el que con la luna llena y en medio de las jacarandas le dice a su amada: “…aquí siempre existirá el testimonio de nosotros, nadie borrará lo que somos, no podrán olvidar que los hijos de Quetzalcóatl le dieron paz a esta tierra, sangre a los dioses y grandeza a Tenochtitlán…”, el mismo Cuauhtémoc que en la secuencia final saca el corazón de Cortés y lo ofrece en la cima del Templo Mayor con una horda de españoles y tlaxcaltecas subiendo las escalinatas para asesinarlo mientras Erik Satie cubre con su Gimnopedia No. 1 la cámara lenta hasta el comienzo de los créditos.

martes, 16 de diciembre de 2014

El último funcionario


La lluvia acicaló las calles de la ciudad, los insectos humanos se agolpan sobre la luz del transporte público, la vida depende de subirse al primer vagón, al primer taxi, al primer trolebús, el no pisar a nadie, el no dar o recibir un arrimón es ya solo un valor agregado. La reunión de las diez para “planear la invasión de Polonia” no puede esperar, no debe esperar, aun traigo la “Cabalgata de las Valquirias” retumbándome en las muelas “por solo diez pesitos” mientras Wagner anuncia la llegada del último funcionario.

“Godínez” para los cuates, “prestador de servicios” para los no tan cuates y “el eslabón perdido en la cadena gubernamental” para los evolucionistas del servicio público. La cotidianidad es el mal café de las diez y media, no sé qué me deja peor sabor de boca si el café o Laurita la recepcionista pues si no te alburea o te maltrata psicológicamente, seas quién seas, te deja esperando para que te registres. “Usté regístrese qué chingaos le cuesta y usté hágase a un lado pinchi poli”. Después de la proeza de ingresar como si fuera la primera vez en la historia del edificio, Uno se encuentra a los compañeros, tan bonitos y sonrientes ellos, Andrés “Poca Luz” Juárez el contador, Pedro “Ligas” Hernández el administrador, Arlette “La Roca” Ibáñez la secretaria del Lic. Iván “el Pellizcos” Cortés quien es el encargado de recursos materiales y así, Caty “Caboom” la abogada,  Raúl “el arcoíris” nuestro súper Asesor y para acabar de atascar el elevador, nada más y nada menos que la Lic. Nadia “la Bigmac” Acosta de Difusión. Un leve paseo clandestino por las redes sociales, otro café con los compañeros del piso y ahora sí a trabajar.

“Los campos de concentración (¿o concertación?) los cuales quiere implementar la actual administración necesitan un abordaje interinstitucional, los representantes de otras dependencias del ayuntamiento se suman con reticencias al esfuerzo, lo que es de esperarse pues el presupuesto para esta acción transversal y progresista ya está etiquetado para otros ejercicios, situación que tensa un poco más la relación de los ministros locales y por lo que es de vital importancia que esta reunión muestre avances inmediatos”, escuché que le decía el Lic. Hugo “el mostacho” Sierra a alguien que no conozco durante la “reunión paralela” en los baños de la oficina del meritito Principal.

Es una realidad que los funcionarios no debemos comprender la política actual de forma magistral, ni si quiera debemos comprenderla, en mi caso por ejemplo fue mi compadre el que me invitó a trabajar acá en la oficina y pues un dinerito no le cae mal a nadie, pero lo mío es la bohemia con los cuates, he llegado a creer que puedo dedicarme a tocar boleros afuera de la Polar y sin problemas saco lo mismo que aquí pero sin tantas broncas de papeleo, acuses, sellos, correos, oficios, notas informativas, rúbricas, copias, folios, dosieres, apostillados, etcétera, etcétera y etcétera. Aunque ¡Hay futuro, hay futuro!

Ayer me compré el celular del futuro, es una belleza y una herramienta que me ayudará a ser más productivo, además con las mensualidades que daré seguro termino de pagarlo en unos tres años o menos, de verdad soy bueno para las oportunidades. El “aipunk” no solo tiene posicionamiento global, mensajes gratuitos y llamada en espera, también tiene una carcasa de última generación, según el vendedor es una aleación de caparazón de tortuga, titanio y hasta plutonio, solo que es un poco cancerígena por lo que tengo que comprar una funda de plomo con acabados de nácar y si quiero el casco anti radiación también lo venden. Como era de esperarse las miradas están sobre mi nuevo juguetito, Adela de informática se quedó estupefacta cuando lo vio, Mauricio de mantenimiento no dejaba de buscarle más funciones y hasta Caty “Caboom” quería comprarse uno en ese momento, pa´l tuiter. Lo cierto es que me va a salir en un ojo de la cara pero creo que si Uno no trabaja para esos lujos entonces para qué.

Un conato de sismo nos sacó temprano de la oficina, no dejaremos que nos reingresen al edificio sin un dictamen escrito por el mismo Ministro de Protección Ciudadana aunque uno firmado por Miguel “Evacuaciones” Rodríguez sería suficiente, pero la psicosis y el nerviosismo que deja un evento como estos nos valieron para poder ir a descansar temprano.

Aprovechando el fenómeno natural más extenuante para los Chilangos aproveché e invité a comer nada más y nada menos que a Andrea “Mantequilla” Urquidi, la mismísima secretaria de la Ministra, la gente seguía nerviosa afuera de los edificios, todos intentaban llamar a sus seres queridos para saber si estaban fuera de riesgo y adivinen quién tenía el único celular del que salían llamadas. Después de dejar hacer llamadas a medio ministerio se acercó Andrea y aun lloriqueando me pidió el móvil, dejé que se explayara aunque a los quince minutos me ponía nervioso un tanto por la cuenta que llegaría en la factura y otro tanto por la idea de invitarla a comer. Accedió para comer conmigo, “algo cerca porque tengo que ir por Juanito a la escuela”. Andrea era una cuarentona de muy “buenos bigotes” con la que todo el mundo en la oficina quería salir, mínimo a comer, no había duda que mi prestigio se iría a los cielos después de esa comidita.

Andrea y yo éramos viejos conocidos, desde la administración del Lic. Ángel Miguel Lasos Olivar tuvimos asuntos en común como aquel en el que casi todas las dependencias nos unimos para mostrar rechazo cuando quisieron quitarle la inmunidad jurídica al Lic. Lasos por la construcción de una calle en el traspatio de un empresario chiapaneco. En esos mismos años mostramos nuestra convicción política cuando consideramos que los tres votos que le faltaron para ganar al Lic. Lasos Olivar no eran para tanto. En esas épocas también conocí al entonces esposo de Andrea, un empresario argentino que se escapó con la sirvienta no sin antes meter a la cárcel a su contador y a su administrador, Marlon Torquemada era su nombre, lo recuerdo como si fuera ayer porque un día que salí de la oficina del zócalo se acercó a mí un payaso a pedirme dinero y mientras sacaba yo algo de cambio Torquemada tropezó conmigo tirando su portafolios al piso lo que provocó tal locura de sus guaruras que hasta el payaso se llevó unos “soplamocos”, mientras yo me jugaba la vida con el más “gorilón” la voz de Andrea surcó el pasillo del palacio, ¡déjenlo en paz!, sus grandes ojos castaños se encendieron de indignación al ver tal injusticia. Corrió de forma vertiginosa hacía mí. ¿Estás bien, te hicieron algo? Era demasiada mi sofocación que no puede pronunciar palabra. La mayor indignación fue que durante la “calentadita” el maldito payaso se llevó mi cartera o tal vez fue Torquemada, nunca lo sabré.

Ya durante la administración del Lic. Marciano Escobar, Andrea era soltera nuevamente pero para la mala suerte a mi me habían mandado a la Dirección General de Asuntos Sin Importancia (la DIGASI) asistiendo al prometedor Director Ejecutivo de Asuntos Sobrerresueltos (DEDASO) un recién egresado del ITAN y que me dio una plaza eventual por la larga amistad con su tía Francisca a quién en mis años de “secundario” le sacaba la basura todos los domingos, esa “Pachita” me había conseguido una entrevista y la experiencia hizo el resto. Andrea trabajaba en la oficina del Secretario Exclusivo del mismísimo Principal, gran logro para alguien que solo terminara la primaria, ya con el tiempo el mote de “la Mantequilla” lo diría todo, pero en ese entonces su aire de “treintona dejada” creaba una atmosfera de sensualidad que ni las mismas “adelitas” del cuerpo secreto de seguridad del Principal. Es cierto que Andrea estaba pasadita de kilos, tal vez muy pasadita de kilos, bueno, la verdad era una ballena, pero sus castaños ojos y el tic nervioso del que te quiere comer a mordidas sonrojaban al más exigente. En una ocasión por esas épocas coincidió que fui a dejar el acuse rubricado de un alcance foliado y sellado con copia y anexos en sobre confidencial para el Principal y la encontré, me pidió que la acompañara por una extraña carne de toro para su jefe. “Pero nos vamos en metro porque ya sabes que los choferes nunca están cuando alguien los necesita”. Claro que no tuve problema pues soy fiel y feliz usuario del metro desde que nací. Ya en el trayecto me contó de sus relaciones fallidas posteriores a Torquemada, las cuales no fueron dos, ni tres, esta mujer era una máquina. Llegamos a Constituyentes y de ahí en “microbio” hasta Cuajimalpa, de verdad esta ciudad no tiene comparación a veces te regala una tarde con una persona especial, una tarde lluviosa en las colinas de Santa Fe pero te castiga con los Ángeles Azules a todo volumen sin compasión.

Fuimos y regresamos de un magnífico “tour Chilango” qué Turibús ni qué nada, la charla por las razones logísticas mencionadas fue nula. Pocas veces, después de esa, nos volvimos a mirar durante la administración, la mayoría solo de lejos.

El devenir del Servicio Público nos unió nuevamente durante las elecciones, esta vez como supervisores de casilla por parte del Partido de la Devolución Retrográdica. Llegaba yo a la casilla con mi guajolota en una mano y con un champurrado hirviendo en la otra, cuando bajo la lluvia se esbozó una tonadita coloquial del barrio:

Amor, amor, amor,
Amor, amor, amor,
Quiero que me vuelvan a mirar tus ojos…

Se iluminaba la casilla en esa histórica calle de la “Cavernícola Oriental” con los primeros rayos del sol, sobre nosotros una amenazante nube cual iracundo pero derrotado Céfiro se alejaba al horizonte, a contraluz una silueta femenina cubierta por un improvisado paraguas rosa corría hacía nosotros los cuidadores de la democracia, los cancerberos de la República, “Si en una rosa estás tú… cómo te voy a olvidar…” Era Andrea con los delicados pasos de un cisne de Tchaikovski que se apresuraba a un encuentro con la historia, conmigo. No me reconoció de momento lo que aproveché para darle fin a mi refrigerio, la reminiscencia de la asfixia de aquella ocasión con su marido tuvo eco en la guajolota atorada a medio gañote que ni con un buen trago de petróleo hirviendo (mi atole) cedió. Me miró a unos pasos y ante la alarma del “respetable” esos ojos gitanos se volvieron a encender al verme, lo sé. Cuando regresé de la antesala de la muerte y pude articular palabra me acerqué a ella, el soundtrack de la vida nos trajo el surrealista tema de “Metrosexual” y ahí estábamos, frente a frente observando cómo se escribía la historia del país al unísono de la nuestra.

Me contó de sus divorcios, tres contando a Torquemada, también de su actual pareja con la que llevaba viviendo unos meses y de Tomás su “otro”, insisto que esa mujer es una máquina. Pasaban las horas y terminamos bien “empiernados” en un hotel de Rojo Gómez, no vería a “la Mantequilla” en años.


Solo para resumir los hechos previos a esa comida el día del sismo; en la ciudad ganó el PDR como era de esperarse, nuestro nuevo Principal era el Ing. Misael Manzur; como nuevo y flamante Preciso de la República quedó Ernesto Pacheco Nato por el Partido Reaccionario Interindividual. Los meneos en el gabinete no se hicieron esperar y mientras las piezas de ese ajedrez que es la Administración Pública se movían, yo regresé a la escuela, era menester para mí, si quería tener un futuro en la política que debía terminar la secundaria, a la fecha ya solo debo Español, ahí la llevo.

Mi ex jefe de la DEDASO se colocó en el Ministerio de Reacciones Exteriores (MIRE) y gracias nuevamente a la ahora difunta “Pachita” tuve mi entrevista, pero cuando concluía el trámite y ya hasta cobrando, resolví no quedarme pues mis principios me lo impedían, soy de izquierda “radical y contestataria”, además me pagaban menos de lo que sacaba cantando afuera de televisa. Y ahí afuera de televisa fue que me encontré con Paola “la Rigurosa” Sánchez y con la “Qué Monita” Solórzano está última traía de padrino al mismo Ing. Moctezuma “Orejas” Cardenal otrora Principal de la Ciudad; la “Rigurosa” fue Teniente Segunda de un batallón de neonazis burgueses allá por la Cineteca. Nos tomamos un café y fuimos a sus oficinas en el Ministerio ahí conocí al Exclusivo de la Ministra, después sería mi compadre y que tenía sus “queveres” con la “Rigurosa” Sánchez, mi compadre era sadomasoquista seguramente, acordamos una entrevista para que viera mi perfil, diagnosticara mi curriculum, estableciera parámetros y generara criterios, pero las prisas me colocaron en su equipo.

El teje y maneje político hizo que hubiera cambios en todo, parecía que la vida y el destino se ensañaran con la organización al interior del Ministerio, hasta que el Principal lanzó un ultimátum, fue que llegó al edificio un equipo de expertos en transmisión y transfusión, de inmediato, casi año y medio, diagnosticaron la hecatombe. En esa época Andrea estaba fuera del país y nos escribíamos a menudo, yo le escribía las vicisitudes del Ministerio sin mencionar nombres, cargos y menos especificando de qué Ministerio se trataba, en ese entonces podían aplicar para cualquiera. La administración y la Ciudad en general parecía Macondo en su peor momento aunque también en el mejor.

“Andrea, te extraño como un lactante extraña una campaña para que le den de comer, los días en esta región no son transparentes sin tu presencia por lo menos en suelo nacional. Desde aquel fatídico 2 de julio en que las encuestas de salida nos encontraron a cuestas en plena salida del Rosso (Auto Hotel), de eso ya casi dos años que no logro sacarte de mi mente, me enteré que estás por presentar la primaria en un solo examen, quiero darte la noticia de que pasé Español y voy para diputado (es un decir), en realidad quiero postularme en un futuro para senador. Tuyo siempre, A”.

“Querido A., tú sabes que no soy buena para las relaciones y menos a distancia, no quiero darte esperanzas, también recuerdo aunque no a detalle nuestro encuentro en el Marqués ¿o fue en el Condado? Lo importante es que te llevo en mi corazón, te comento que reprobé el examen, yo sí quiero ser diputada, solo el tiempo lo dirá, por ahora estoy muy descorazonada por culpa de la Administración Pública de la Ciudad, el Ing. Manzur no da una y yo no quiero ser partícipe de algo así. Nunca tuya, Andrea.”

No podía ser más fatídico, pero el lunes Andrea ya estaba trabajando en el Ministerio, la nueva flamante secre de la Ministra. Para entonces Uno ya era, por su experiencia y confianza, Jefe Adjunto de la Oficina de Asuntos Sin Importancia del Ministerio, con su debido pellizco a mi sueldo, como primer acción tenía que presentarme corriendo a una reunión para “evitar la extinción del marsupio chiapaneco”, reunión que fue interrumpida por un conato de sismo, la música del gimnasio contiguo se trabó y parecía alerta sísmica, había pasado una semana que Andrea estaba acá y no nos atrevimos a hablarnos hasta que la invité a comer.

Consomé de pollo o Sopa de codito, Arroz a la valenciana o Espagueti a los ocho quesos o Ensalada César Augusto, Chile relleno de quesillo o Albóndigas Rusas o Moros con tranchete, Agua de sabor y postre.

Si pudiéramos hacer un perfil psicológico con base en la selección del menú en la fonda de al lado… ella me amaría, si no que lo digan la Sopa, la Ensalada y las Albóndigas, pero la charla no apoyó a la Tercer Escuela Vienesa, Andrea “Mantequilla” Urquidi ya estaba embarrada en otro pan.

Mi decepción fue de proporciones épicas, titánicas, no había oficio, folio, rúbrica, sello, acuse, correo, nota informativa, copia, dosier, ni apostillado que sacara de mi mente la sensación de morir ante los horribles acontecimientos de mi vida. Esa noche llegué a casa y mientras cenaba preguntó mi suegra si me pasaba algo, mi “gordis” también lo notó pero con una explicación digna del “Crecimiento Económico del País” pasamos a otra cosa. Por meses evité el contacto, mi compadre trataba de distraer mi mente, nuestra desorganizada dependencia tomaba formas extrañas, nacieron departamentos dignos de un cuento, la “Coordinación de Seres Inanimados”, la “Dirección Interna de Relaciones Personales”, el “Departamento de Decoración de Interiores”, la “Oficina de Objetos (humanos y no humanos) Olvidados”, entre otras, el personal fue y vino, nos dejaron: la “Bigmac” Acosta, el “Poca Luz” Juárez y Caty “Caboom”, llegaron Teressa “Cizañas” Von Gómez, Anahís “Azúcar” Medina y Osvaldo “el Lecter” Pérez, pero pues cada chango a su mecate.  Los días pasaron, los sismos no terminaron y los meses se convirtieron en años, uno a uno incluyendo a la Ministra abandonaron el ministerio, el Principal renunció dos años antes de lo esperado ocupando su lugar el Ministro de Protección Ciudadana pues aquello de los temblores le dio la fama.


Una noche mientras el zócalo se iluminaba con el espectáculo de luces provenientes de varios helicópteros del ejército, me esforcé por hacer un recuento de mi vida, no lo logré, la noche me llevó caminando hasta la Roma. Cómo ha cambiado esta ciudad, en mis años mozos solía correr por el jardín Alexander Pushkin hasta llegar a Frontera y de ahí todo el camellón de Álvaro Obregón, si llevaba dinero me detenía por un raspado o una nieve, los compañeros de la primaria se me adelantaban y los miraba con el suéter rojo del uniforme amarrado en la cintura pensando en lo que serían de grandes, no los volví a ver. A veces nos aventurábamos en ir hasta el parque Río de Janeiro pero tiro por viaje nos bronqueábamos con los de la “Ignacio Vallarta”. Álvaro Obregón mantiene su mística, caminar por Álvaro Obregón es caminar por México, más de uno han guardado intacto su recuerdo, pero las cosas nunca vuelven a ser las mismas, hoy soy viejo y el recuerdo de Andrea y del Ministerio es un fantasma que vuelve recurrentemente en estas épocas.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Crónica de una melomanía agringada

Ensayo, México 2014 .

Cuando niño, recuerdo, mi primer nombramiento oficial en los deberes de la casa fue el de “operador oficial de la consola” de discos de acetato, algo así como un control remoto viviente. Así comenzó, por más que suene a una barbaridad, mi melomanía, cambiando discos, poniendo la aguja en la décima canción del mismo disco por horas y limpiando los LP´s con una especie de borrador aceitado (su olor sigue en mis neuronas) antes de regresarlos a su funda. Adoré cuando llegó a casa el primer acetato rojo semitransparente.

    Mi padre quien fue un bohemio de primera, tenía en su colección desde los Teen Tops, César Costa y compañía, hasta Los Terrícolas, Los Pasteles Verdes y ¡claro que sí, cómo no! A Chico Che y la Crisis; mi madre compartía la mayoría de sus gustos y añadía al Príncipe de la Canción José José, Leo Dan, Raphael y ¡también cómo no! Al divo de Juárez Juan Gabriel; de mi primo Mario y mi tía Malena recuerdo a Gloria Gaynor, a Miami Sound Machine, Emanuel, Yuri y demás pop mexicano; por mi parte y no sé cómo, me hice de algunos discos del payaso Lagrimita, Parchís, Timbiriche (muy niños ellos) y la colección completa de Topo Gigio. Eso fue cuando niño.

    Ya entradito en la “infancia alta” cuasi adolescencia, los gustos fueron mutando como yo, tres micro-pelitos a los que yo les llamaba “mi chulo mostacho” apenas se esbozaban en mi redondete rostro y de “no sé dónde” (claro que sí lo sé, de mis tíos de Santa Anita) me surgió un gusto por El Tri, Iron Maiden, ACDC, The Doors, por fin Queen y también ¿por qué no? Miguel Ríos, Alaska y Dinarama, Radio Futura, Soda, entre otros especímenes raros del pop mexicano ¡Rock en tu Idioma!, Timbiriche iba en el 9º y “Tú y yo somos uno mismo” era la rola de mi vida. Microchips era ya entonces un gusto culposo.

    Por azares del destino, uno llega a la plenitud de la adolescencia con esa carga cultural y su debido bagaje musical, ¡Dios me perdone! igual fue el exceso de hormonas o la falta de lugar en dónde usarlas, pero Pablito Ruíz detonó una descarga de “simpatía por el diablo” (consumismo musical) con su “wow mamá, ella me ha besado…” en las profundidades de mi puberta persona que casi me cuesta la futura melomanía en serio. Lo bueno de esa época, todas tienen algo bueno, fue que algunos compañeritos de la secun con hermanos mayores influían en nosotros con Metallica (no sé qué tan bueno fue) Guns and Roses, Aerosmith, pero fue sin duda la llegada de MTV la que nos puso, a mi generación X, en el borde del abismo, quiero decir, frente a un televisor lleno de música nueva y variada.

    Llegó el grunge junto con mis aspiraciones de pensar en la remota posibilidad del suicidio ¿o fue al revés? Lo cierto es que Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y compañía plantearon un escenario nunca antes visto, con sus reminiscencias del punk pero sin ideologías, buenas o malas, cayeron como anillo al dedo en un jovenazo adolecente, universitario y ceceachero (por lo de CCH, Sur por cierto) ya con una piocha más que noventera, con aires revolucionarios y mata larga ¡qué tiempos aquellos los del walkman y el discman!, también y otra vez ¿por qué no? llegó la nueva Trova Cubana (“nueva” era un decir, surgió en los 70) con Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Amaury Pérez y más local pero del estilo, Óscar Chávez ¡Úrsula cien años, soledad Macondo…! ¡Qué tiempos aquellos de la huelga, de la grilla, de las marchas, de la ciudad gris y monstruosa! Radiohead, Björk y U2 se cocían aparte.

    Fue en esos tiempos de bachiller rojillo que se dejaban oír en todos lados los Tacubos, la Maldita, los Caifanes, Fobia, la Cuca, la Sekta Core, la Lupita, los Estrambóticos, la Gusana Ciega, los Cadillacs, Mano negra, Control Machete, los Héroes del Silencio, Resorte, Plastilina Mosh, Genitallica, Zurdok, y un largo, largo etcétera. Fue en esos tiempos precisamente cuando la música llamada Clásica, música de tradición culta, música docta, entró fuerte en mis oídos y se alojó todavía más fuerte en mi cabeza, ahí en algún día de algún invierno noventero, la música y sus musas poseyeron mis sentidos.

    El Jazz llegó a mí, seguramente ya lo había escuchado, por alguna de las siguientes tres teorías, la primera se basa en la leyenda urbana de que Tom y Jerry, Bugs Bunny y la demás banda animada era una especie de Caballo de Troya para que la música Yankie dominara el mundo y siendo yo un crío espécimen del Hommo videns, fui alcanzado por esa maquinaría mundial gringa. La segunda teoría va de que también en algún periodo de mi vida previo al nuevo siglo (el veintiuno), mi abuela Lucha quien, de cuando en cuando, degustaba escandalosa y atípicamente de igual forma a Ray Conniff que a Santana, haya pedido mis afamados servicios de “operador de consolas” y con la operación de repetición o reproducción aleatoria que había innovado (qué iTunes ni qué nada) se me quedó pegado el género. La tercera y la más apoyada por la ciencia es que una amiguilla por ahí con pretensiones de cultura, bailarina de ballet, hippie y “frezapatista” me compartió en algún momento la música de Miles Davis.

    Seguramente el mundo nunca lo sabrá pero hoy por hoy a mis treinta y tantos el Jazz y el Clásico (ya quedamos, música docta y esas cosas) son medios que la Música utiliza para embelesarme, por supuesto que hay más géneros y subgéneros del Rock que me llegan, el Progresivo por ejemplo, el Post Rock (lo que sea que eso signifique), el Folk, el Indie como hijo junior del Alternativo. Nombres dignos de mencionar en esta etapa de mi vida en la que prefiero referirme a géneros serían Radiohead que permanece, Foo Figthers, Sigur Ros, Porcupine Tree, Steven Wilson, Ólafur Arnalds, Mono y ya con esos.


    Ya no hay necesidad de explotar a menores para darle play a la música, ya tenemos artefactos y artilugios tan especializados para ello, en los que las aplicaciones como Spotify y Youtube nos ponen la música del mundo al alcance, tenemos a Siri y Shazam para conocer lo que escuchamos y a itunes para descargarlo de inmediato, incluso hay más y mejor oferta de conciertos y presentaciones por lo menos acá en la Capirucha, festivales por doquier y “n” número de canales musicales. Lo cierto es que ya sea solitario o acompañado, con audífonos o en algún aparato de sonido ambiente, no hay nada como cerrar los ojos y dejar a María Callas que te transporte a otras dimensiones o permitir que Satie y su piano impresionista te disuelvan en sus notas o abandonarte en la guitarra de Joaquín Rodrigo, no hay nada como sufrir los solos de Porcupine Tree o dibujar en el aire los de Santana, la música es un lenguaje que si no universal sí transversal y eso la hace el Arte más noble. 

El sueño Latinoamericano


Andrés Oppenheimer
¡Crear o morir! La esperanza de América Latina y las cinco claves de la innovación
México, DEBATE, 2014, 330 pp.

Editor, conductor de televisión y escritor, además de ganador del Pulitzer, del Ortega y Gasset, del Rey de España entre otros premios y galardones, Andrés es un periodista argentino radicado en Estados Unidos, con una visión muy particular de América Latina, es considerado uno de los intelectuales latinoamericanos más influyentes y que fijan la agenda del debate político del continente. Este es el autor del libro que hoy nos compete reseñar. Además Andrés es todo un “argentinazo” en su estilo particular para narrar y desenvolverse en público.

El libro es retador en varios sentidos, plantea ciertos patrones de los ambientes y ecosistemas en los que innovación surge. A través de varios ejemplos, concentrándose en ocho nombres sintetiza el auge innovador de los últimos años y su inserción en todos los estilos de vida en la era postmoderna con intensiones y analogías hacía Latinoamérica.

Desde Chefs y movimientos culinarios nacionales, pasando por la Meca de innovación tecnológica en la que se ha convertido Silicon Valley, el autor nos lleva a explorar esas mentes brillantes a las que todos brindamos pleitesía tácita (comprando sus productos, por ejemplo), hasta llegar a un director técnico icónico de nuestros tiempos y a un revolucionario de la educación. Con cierto énfasis en mostrar los contextos proclives a la innovación, desafía a los gobiernos zombies y arcaicos en los que el populismo y la demagogia frenan a los emprendedores.

Acupuntura social, Flujo de cerebros, Detonación de potencial creativo, entre otros, son conceptos que explica y detalla en función de los modelos que ya han surgido en ciertos lugares logrando mejorar su entorno, todo esto sin centrarse en lo tecnológico pero sí ponderando la innovación con este componente.

Totalmente recomendable pues creo que la innovación viene por el dominio virtuoso de tal o cual tarea y los países latinoamericanos comienzan en ese dominio, lenta y aletargadamente, para comenzar a plantearse lo siguiente: Crear o morir.

Además felicito al Dr. Armando Ahued, Secretario de Salud del Distrito Federal y a su equipo, pues lo menciona el autor en su última página (la primera y última páginas son de las más recordadas) como un innovador en políticas públicas con incidencia social gracias a sus Clínicas en el Metro.

Les dejo el índice y se los recomiendo ampliamente:

Prologo

1. El Mundo que se viene.
2. Gastón Acurio: el chef que regala sus recetas.
3. Jordi Muñoz y el movimiento de los makers.
4. Bre Pettis y la nueva Revolución Industrial.
5. Rafael Yuste y los manipuladores del cerebro.
6. Pep Guardiola y el arte de innovar cuando se está ganando.
7. Branson, Musk, Kargieman y el arte de reinventarse.
8. Salman Khan y las “escuelas al revés”.
9. Zolezzi, Von Ahn y los innovadores sociales.
  10. Los cinco secretos de la innovación.

Notas.
Agradecimientos.