martes, 16 de diciembre de 2014

El último funcionario


La lluvia acicaló las calles de la ciudad, los insectos humanos se agolpan sobre la luz del transporte público, la vida depende de subirse al primer vagón, al primer taxi, al primer trolebús, el no pisar a nadie, el no dar o recibir un arrimón es ya solo un valor agregado. La reunión de las diez para “planear la invasión de Polonia” no puede esperar, no debe esperar, aun traigo la “Cabalgata de las Valquirias” retumbándome en las muelas “por solo diez pesitos” mientras Wagner anuncia la llegada del último funcionario.

“Godínez” para los cuates, “prestador de servicios” para los no tan cuates y “el eslabón perdido en la cadena gubernamental” para los evolucionistas del servicio público. La cotidianidad es el mal café de las diez y media, no sé qué me deja peor sabor de boca si el café o Laurita la recepcionista pues si no te alburea o te maltrata psicológicamente, seas quién seas, te deja esperando para que te registres. “Usté regístrese qué chingaos le cuesta y usté hágase a un lado pinchi poli”. Después de la proeza de ingresar como si fuera la primera vez en la historia del edificio, Uno se encuentra a los compañeros, tan bonitos y sonrientes ellos, Andrés “Poca Luz” Juárez el contador, Pedro “Ligas” Hernández el administrador, Arlette “La Roca” Ibáñez la secretaria del Lic. Iván “el Pellizcos” Cortés quien es el encargado de recursos materiales y así, Caty “Caboom” la abogada,  Raúl “el arcoíris” nuestro súper Asesor y para acabar de atascar el elevador, nada más y nada menos que la Lic. Nadia “la Bigmac” Acosta de Difusión. Un leve paseo clandestino por las redes sociales, otro café con los compañeros del piso y ahora sí a trabajar.

“Los campos de concentración (¿o concertación?) los cuales quiere implementar la actual administración necesitan un abordaje interinstitucional, los representantes de otras dependencias del ayuntamiento se suman con reticencias al esfuerzo, lo que es de esperarse pues el presupuesto para esta acción transversal y progresista ya está etiquetado para otros ejercicios, situación que tensa un poco más la relación de los ministros locales y por lo que es de vital importancia que esta reunión muestre avances inmediatos”, escuché que le decía el Lic. Hugo “el mostacho” Sierra a alguien que no conozco durante la “reunión paralela” en los baños de la oficina del meritito Principal.

Es una realidad que los funcionarios no debemos comprender la política actual de forma magistral, ni si quiera debemos comprenderla, en mi caso por ejemplo fue mi compadre el que me invitó a trabajar acá en la oficina y pues un dinerito no le cae mal a nadie, pero lo mío es la bohemia con los cuates, he llegado a creer que puedo dedicarme a tocar boleros afuera de la Polar y sin problemas saco lo mismo que aquí pero sin tantas broncas de papeleo, acuses, sellos, correos, oficios, notas informativas, rúbricas, copias, folios, dosieres, apostillados, etcétera, etcétera y etcétera. Aunque ¡Hay futuro, hay futuro!

Ayer me compré el celular del futuro, es una belleza y una herramienta que me ayudará a ser más productivo, además con las mensualidades que daré seguro termino de pagarlo en unos tres años o menos, de verdad soy bueno para las oportunidades. El “aipunk” no solo tiene posicionamiento global, mensajes gratuitos y llamada en espera, también tiene una carcasa de última generación, según el vendedor es una aleación de caparazón de tortuga, titanio y hasta plutonio, solo que es un poco cancerígena por lo que tengo que comprar una funda de plomo con acabados de nácar y si quiero el casco anti radiación también lo venden. Como era de esperarse las miradas están sobre mi nuevo juguetito, Adela de informática se quedó estupefacta cuando lo vio, Mauricio de mantenimiento no dejaba de buscarle más funciones y hasta Caty “Caboom” quería comprarse uno en ese momento, pa´l tuiter. Lo cierto es que me va a salir en un ojo de la cara pero creo que si Uno no trabaja para esos lujos entonces para qué.

Un conato de sismo nos sacó temprano de la oficina, no dejaremos que nos reingresen al edificio sin un dictamen escrito por el mismo Ministro de Protección Ciudadana aunque uno firmado por Miguel “Evacuaciones” Rodríguez sería suficiente, pero la psicosis y el nerviosismo que deja un evento como estos nos valieron para poder ir a descansar temprano.

Aprovechando el fenómeno natural más extenuante para los Chilangos aproveché e invité a comer nada más y nada menos que a Andrea “Mantequilla” Urquidi, la mismísima secretaria de la Ministra, la gente seguía nerviosa afuera de los edificios, todos intentaban llamar a sus seres queridos para saber si estaban fuera de riesgo y adivinen quién tenía el único celular del que salían llamadas. Después de dejar hacer llamadas a medio ministerio se acercó Andrea y aun lloriqueando me pidió el móvil, dejé que se explayara aunque a los quince minutos me ponía nervioso un tanto por la cuenta que llegaría en la factura y otro tanto por la idea de invitarla a comer. Accedió para comer conmigo, “algo cerca porque tengo que ir por Juanito a la escuela”. Andrea era una cuarentona de muy “buenos bigotes” con la que todo el mundo en la oficina quería salir, mínimo a comer, no había duda que mi prestigio se iría a los cielos después de esa comidita.

Andrea y yo éramos viejos conocidos, desde la administración del Lic. Ángel Miguel Lasos Olivar tuvimos asuntos en común como aquel en el que casi todas las dependencias nos unimos para mostrar rechazo cuando quisieron quitarle la inmunidad jurídica al Lic. Lasos por la construcción de una calle en el traspatio de un empresario chiapaneco. En esos mismos años mostramos nuestra convicción política cuando consideramos que los tres votos que le faltaron para ganar al Lic. Lasos Olivar no eran para tanto. En esas épocas también conocí al entonces esposo de Andrea, un empresario argentino que se escapó con la sirvienta no sin antes meter a la cárcel a su contador y a su administrador, Marlon Torquemada era su nombre, lo recuerdo como si fuera ayer porque un día que salí de la oficina del zócalo se acercó a mí un payaso a pedirme dinero y mientras sacaba yo algo de cambio Torquemada tropezó conmigo tirando su portafolios al piso lo que provocó tal locura de sus guaruras que hasta el payaso se llevó unos “soplamocos”, mientras yo me jugaba la vida con el más “gorilón” la voz de Andrea surcó el pasillo del palacio, ¡déjenlo en paz!, sus grandes ojos castaños se encendieron de indignación al ver tal injusticia. Corrió de forma vertiginosa hacía mí. ¿Estás bien, te hicieron algo? Era demasiada mi sofocación que no puede pronunciar palabra. La mayor indignación fue que durante la “calentadita” el maldito payaso se llevó mi cartera o tal vez fue Torquemada, nunca lo sabré.

Ya durante la administración del Lic. Marciano Escobar, Andrea era soltera nuevamente pero para la mala suerte a mi me habían mandado a la Dirección General de Asuntos Sin Importancia (la DIGASI) asistiendo al prometedor Director Ejecutivo de Asuntos Sobrerresueltos (DEDASO) un recién egresado del ITAN y que me dio una plaza eventual por la larga amistad con su tía Francisca a quién en mis años de “secundario” le sacaba la basura todos los domingos, esa “Pachita” me había conseguido una entrevista y la experiencia hizo el resto. Andrea trabajaba en la oficina del Secretario Exclusivo del mismísimo Principal, gran logro para alguien que solo terminara la primaria, ya con el tiempo el mote de “la Mantequilla” lo diría todo, pero en ese entonces su aire de “treintona dejada” creaba una atmosfera de sensualidad que ni las mismas “adelitas” del cuerpo secreto de seguridad del Principal. Es cierto que Andrea estaba pasadita de kilos, tal vez muy pasadita de kilos, bueno, la verdad era una ballena, pero sus castaños ojos y el tic nervioso del que te quiere comer a mordidas sonrojaban al más exigente. En una ocasión por esas épocas coincidió que fui a dejar el acuse rubricado de un alcance foliado y sellado con copia y anexos en sobre confidencial para el Principal y la encontré, me pidió que la acompañara por una extraña carne de toro para su jefe. “Pero nos vamos en metro porque ya sabes que los choferes nunca están cuando alguien los necesita”. Claro que no tuve problema pues soy fiel y feliz usuario del metro desde que nací. Ya en el trayecto me contó de sus relaciones fallidas posteriores a Torquemada, las cuales no fueron dos, ni tres, esta mujer era una máquina. Llegamos a Constituyentes y de ahí en “microbio” hasta Cuajimalpa, de verdad esta ciudad no tiene comparación a veces te regala una tarde con una persona especial, una tarde lluviosa en las colinas de Santa Fe pero te castiga con los Ángeles Azules a todo volumen sin compasión.

Fuimos y regresamos de un magnífico “tour Chilango” qué Turibús ni qué nada, la charla por las razones logísticas mencionadas fue nula. Pocas veces, después de esa, nos volvimos a mirar durante la administración, la mayoría solo de lejos.

El devenir del Servicio Público nos unió nuevamente durante las elecciones, esta vez como supervisores de casilla por parte del Partido de la Devolución Retrográdica. Llegaba yo a la casilla con mi guajolota en una mano y con un champurrado hirviendo en la otra, cuando bajo la lluvia se esbozó una tonadita coloquial del barrio:

Amor, amor, amor,
Amor, amor, amor,
Quiero que me vuelvan a mirar tus ojos…

Se iluminaba la casilla en esa histórica calle de la “Cavernícola Oriental” con los primeros rayos del sol, sobre nosotros una amenazante nube cual iracundo pero derrotado Céfiro se alejaba al horizonte, a contraluz una silueta femenina cubierta por un improvisado paraguas rosa corría hacía nosotros los cuidadores de la democracia, los cancerberos de la República, “Si en una rosa estás tú… cómo te voy a olvidar…” Era Andrea con los delicados pasos de un cisne de Tchaikovski que se apresuraba a un encuentro con la historia, conmigo. No me reconoció de momento lo que aproveché para darle fin a mi refrigerio, la reminiscencia de la asfixia de aquella ocasión con su marido tuvo eco en la guajolota atorada a medio gañote que ni con un buen trago de petróleo hirviendo (mi atole) cedió. Me miró a unos pasos y ante la alarma del “respetable” esos ojos gitanos se volvieron a encender al verme, lo sé. Cuando regresé de la antesala de la muerte y pude articular palabra me acerqué a ella, el soundtrack de la vida nos trajo el surrealista tema de “Metrosexual” y ahí estábamos, frente a frente observando cómo se escribía la historia del país al unísono de la nuestra.

Me contó de sus divorcios, tres contando a Torquemada, también de su actual pareja con la que llevaba viviendo unos meses y de Tomás su “otro”, insisto que esa mujer es una máquina. Pasaban las horas y terminamos bien “empiernados” en un hotel de Rojo Gómez, no vería a “la Mantequilla” en años.


Solo para resumir los hechos previos a esa comida el día del sismo; en la ciudad ganó el PDR como era de esperarse, nuestro nuevo Principal era el Ing. Misael Manzur; como nuevo y flamante Preciso de la República quedó Ernesto Pacheco Nato por el Partido Reaccionario Interindividual. Los meneos en el gabinete no se hicieron esperar y mientras las piezas de ese ajedrez que es la Administración Pública se movían, yo regresé a la escuela, era menester para mí, si quería tener un futuro en la política que debía terminar la secundaria, a la fecha ya solo debo Español, ahí la llevo.

Mi ex jefe de la DEDASO se colocó en el Ministerio de Reacciones Exteriores (MIRE) y gracias nuevamente a la ahora difunta “Pachita” tuve mi entrevista, pero cuando concluía el trámite y ya hasta cobrando, resolví no quedarme pues mis principios me lo impedían, soy de izquierda “radical y contestataria”, además me pagaban menos de lo que sacaba cantando afuera de televisa. Y ahí afuera de televisa fue que me encontré con Paola “la Rigurosa” Sánchez y con la “Qué Monita” Solórzano está última traía de padrino al mismo Ing. Moctezuma “Orejas” Cardenal otrora Principal de la Ciudad; la “Rigurosa” fue Teniente Segunda de un batallón de neonazis burgueses allá por la Cineteca. Nos tomamos un café y fuimos a sus oficinas en el Ministerio ahí conocí al Exclusivo de la Ministra, después sería mi compadre y que tenía sus “queveres” con la “Rigurosa” Sánchez, mi compadre era sadomasoquista seguramente, acordamos una entrevista para que viera mi perfil, diagnosticara mi curriculum, estableciera parámetros y generara criterios, pero las prisas me colocaron en su equipo.

El teje y maneje político hizo que hubiera cambios en todo, parecía que la vida y el destino se ensañaran con la organización al interior del Ministerio, hasta que el Principal lanzó un ultimátum, fue que llegó al edificio un equipo de expertos en transmisión y transfusión, de inmediato, casi año y medio, diagnosticaron la hecatombe. En esa época Andrea estaba fuera del país y nos escribíamos a menudo, yo le escribía las vicisitudes del Ministerio sin mencionar nombres, cargos y menos especificando de qué Ministerio se trataba, en ese entonces podían aplicar para cualquiera. La administración y la Ciudad en general parecía Macondo en su peor momento aunque también en el mejor.

“Andrea, te extraño como un lactante extraña una campaña para que le den de comer, los días en esta región no son transparentes sin tu presencia por lo menos en suelo nacional. Desde aquel fatídico 2 de julio en que las encuestas de salida nos encontraron a cuestas en plena salida del Rosso (Auto Hotel), de eso ya casi dos años que no logro sacarte de mi mente, me enteré que estás por presentar la primaria en un solo examen, quiero darte la noticia de que pasé Español y voy para diputado (es un decir), en realidad quiero postularme en un futuro para senador. Tuyo siempre, A”.

“Querido A., tú sabes que no soy buena para las relaciones y menos a distancia, no quiero darte esperanzas, también recuerdo aunque no a detalle nuestro encuentro en el Marqués ¿o fue en el Condado? Lo importante es que te llevo en mi corazón, te comento que reprobé el examen, yo sí quiero ser diputada, solo el tiempo lo dirá, por ahora estoy muy descorazonada por culpa de la Administración Pública de la Ciudad, el Ing. Manzur no da una y yo no quiero ser partícipe de algo así. Nunca tuya, Andrea.”

No podía ser más fatídico, pero el lunes Andrea ya estaba trabajando en el Ministerio, la nueva flamante secre de la Ministra. Para entonces Uno ya era, por su experiencia y confianza, Jefe Adjunto de la Oficina de Asuntos Sin Importancia del Ministerio, con su debido pellizco a mi sueldo, como primer acción tenía que presentarme corriendo a una reunión para “evitar la extinción del marsupio chiapaneco”, reunión que fue interrumpida por un conato de sismo, la música del gimnasio contiguo se trabó y parecía alerta sísmica, había pasado una semana que Andrea estaba acá y no nos atrevimos a hablarnos hasta que la invité a comer.

Consomé de pollo o Sopa de codito, Arroz a la valenciana o Espagueti a los ocho quesos o Ensalada César Augusto, Chile relleno de quesillo o Albóndigas Rusas o Moros con tranchete, Agua de sabor y postre.

Si pudiéramos hacer un perfil psicológico con base en la selección del menú en la fonda de al lado… ella me amaría, si no que lo digan la Sopa, la Ensalada y las Albóndigas, pero la charla no apoyó a la Tercer Escuela Vienesa, Andrea “Mantequilla” Urquidi ya estaba embarrada en otro pan.

Mi decepción fue de proporciones épicas, titánicas, no había oficio, folio, rúbrica, sello, acuse, correo, nota informativa, copia, dosier, ni apostillado que sacara de mi mente la sensación de morir ante los horribles acontecimientos de mi vida. Esa noche llegué a casa y mientras cenaba preguntó mi suegra si me pasaba algo, mi “gordis” también lo notó pero con una explicación digna del “Crecimiento Económico del País” pasamos a otra cosa. Por meses evité el contacto, mi compadre trataba de distraer mi mente, nuestra desorganizada dependencia tomaba formas extrañas, nacieron departamentos dignos de un cuento, la “Coordinación de Seres Inanimados”, la “Dirección Interna de Relaciones Personales”, el “Departamento de Decoración de Interiores”, la “Oficina de Objetos (humanos y no humanos) Olvidados”, entre otras, el personal fue y vino, nos dejaron: la “Bigmac” Acosta, el “Poca Luz” Juárez y Caty “Caboom”, llegaron Teressa “Cizañas” Von Gómez, Anahís “Azúcar” Medina y Osvaldo “el Lecter” Pérez, pero pues cada chango a su mecate.  Los días pasaron, los sismos no terminaron y los meses se convirtieron en años, uno a uno incluyendo a la Ministra abandonaron el ministerio, el Principal renunció dos años antes de lo esperado ocupando su lugar el Ministro de Protección Ciudadana pues aquello de los temblores le dio la fama.


Una noche mientras el zócalo se iluminaba con el espectáculo de luces provenientes de varios helicópteros del ejército, me esforcé por hacer un recuento de mi vida, no lo logré, la noche me llevó caminando hasta la Roma. Cómo ha cambiado esta ciudad, en mis años mozos solía correr por el jardín Alexander Pushkin hasta llegar a Frontera y de ahí todo el camellón de Álvaro Obregón, si llevaba dinero me detenía por un raspado o una nieve, los compañeros de la primaria se me adelantaban y los miraba con el suéter rojo del uniforme amarrado en la cintura pensando en lo que serían de grandes, no los volví a ver. A veces nos aventurábamos en ir hasta el parque Río de Janeiro pero tiro por viaje nos bronqueábamos con los de la “Ignacio Vallarta”. Álvaro Obregón mantiene su mística, caminar por Álvaro Obregón es caminar por México, más de uno han guardado intacto su recuerdo, pero las cosas nunca vuelven a ser las mismas, hoy soy viejo y el recuerdo de Andrea y del Ministerio es un fantasma que vuelve recurrentemente en estas épocas.

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