No hay secretos, ni cánones a los que obedezca la
constancia de Allen como escritor y director, sus temas son variados, sus
actores diversos y sus películas vigentes que por igual directores consagrados o
novatos admiran y respetan su trabajo. También es cierto que el cine de Woody
no es apreciado ni buscado por el público como el de otros directores, pero de
ninguna manera resta genialidad y mucho menos calidad a su obra.
Magia a la luz de
la luna es muestra de persistencia en su estilo. El tema de la película no
gira en torno a la magia, Allen es el peor de los creyentes en la magia, más
bien se centra desde la perspectiva del Allen escritor, en el engaño, desde la
primera secuencia y hasta la última se presentan las artes del engaño con una
característica de la filmografía de Woody, la excelencia; Woody Allen no es una
marca registrada ni una industria a parte en el mundo del cine, es un creador
que ha generado la excelencia en sus guiones y en la manera de dirigir sus
producciones. Es precisamente su manera de contar una historia, al fin y al
cabo el cine se centra en contar historias, lo que ha generado un sello o
estilo atractivo y de una excelencia significativa. Magia a la luz de la luna es eso, el arte del engaño llevado con
excelencia.
De los estilos más criticados en el cine, el de Allen es
sin guardar las debidas proporciones, el más. Nuestro cineasta ya entrado en
años es un sobreviviente de aquella generación de directores que deja los temas
épicos y megalómanos con los que nació Hollywood y pasa a lo cotidiano, a
relatar la vida de los mortales seres habitantes de este planeta mundano y
diabólico, de ahí que sus acérrimos críticos lo tachen de ser un director lleno
de clichés y temas recurrentes, siendo sinceros de alguna forma lo es, solo que
no en ese sentido. El cineasta neoyorquino nos ha heredado grandes obras
cinematográficas, también películas buenas, otras medianamente buenas, pero
nunca malas películas; la mística creada por su obsesión en lo bien realizado
ha dotado a artistas, actores, fotógrafos y demás, de una influencia poderosa
en sus carreras individuales siendo esto otro componente en el estilo de nuestro
mago de la cinematografía.
Ambientada y más que ambientada, enmarcada en la Francia
de aquellos años veinte del siglo pasado, Allen nos dibuja el perfil del
escéptico decimonónico peleado con la vida, nuevamente la amargura y la
obsesión por el realismo acentuadas por la alta cultura hacen mofa de lo irreal
y de lo simple, un mago de profesión es invitado por un colega a desenmascarar
a una espiritista que pretende aprovecharse de la ignorancia de una familia
adinerada, después de ser engañado también por la confabulación del amigo y la
supuesta espiritista y con el omnipresente engaño,
nuestro mago de reconocimiento internacional a la par de que se enamora también
descubre la treta y regresa a su pesimismo habitual no sin antes pasar por
algunas mini aventuras y llegar a su desenlace.
Con una fotografía casi inmejorable de Darius Khondji (Amour, Seven, Delicatessen, etc.), con
un diseño de arte de la genial Anne Seibel (Marie
Antoniette, Munich, Midnigth in Paris, etc.), con unas actuaciones de lo
más decentes de Colin Firth y la in
crecendo Emma Stone, el gran mago Woody Allen nos aprisiona en su mente
mostrándonos la clase de artilugios que aun tiene en la chistera para seguir
aportando a la cinematografía mundial este arte que hoy por hoy se encuentra
lleno de directores, buenos y malos, pero con un solo Woody Allen que se
resiste al tiempo y que seguramente su último gran acto será la inmortalidad.




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