México desde los asentamientos prehispánicos,
ha sido rico en pensamiento religioso, de características místicas en cierta
parte de su historia y dogmática en la mayoría de ella, el misticismo de las “religiones”
prehispánicas las llevó a una espiritualidad religiosa obtenida de lo empíricamente
natural, las deidades atribuidas a la Naturaleza, dioses de la lluvia, de la
tierra, del maíz, hasta lo empíricamente conveniente para someter política y
militarmente al grueso de las poblaciones. Esta forma de experimentar la
espiritualidad religiosa logró forjar las características de un pueblo o
pueblos primitivos interactuando en un marco político, religioso por
antonomasia. Al comparar los valores en los que se fundamentaron estas
manifestaciones de Espiritualidad Religiosa con los actuales valores, ya no
religiosos sino del sentido común, observamos grandes contrastes, el valor de
la vida y la dignidad, el valor del diálogo y la tolerancia, entre muchos
otros.
Al dar paso, durante la Conquista
y la Época Colonial a un Catolicismo riguroso, hermético, inquisitivo, beligerante
y sincretista, México (La Nueva España), la sociedad mexicana en su mayoría y
principalmente en los grandes asentamientos demográficos, se tornó a una
Espiritualidad Religiosa con características litúrgicas y con antecedentes
místicos, utilizando una “Limpieza Étnica” de proporciones holocausticas. El
sincretismo religioso que ha caracterizado a la Política Católico Romana, le dio
al país una identidad más o menos cohesionada y concentrada en liturgias
sustitutivas a la creación y promoción de valores de lo “Cristiano”. Durante la
Colonia, es característico el desprecio de los conquistadores por los
conquistados, la explotación humana y de recursos naturales, la esclavitud, la
represión intelectual y científica, un oscurantismo como el que se había vivido
en los viejos continentes también provocado por el Catolicismo Romano y su
política de “Religión única y verdadera”. Es extensivo el marco social creado
por el Catolicismo en los lugares que ha sido impuesto, aquí en México y
durante la Época Colonial desembocó en una inestabilidad e inconformidad que provocó
la Revolución de Independencia, la cual tendría sus características religiosas
también. De igual manera que en la “religiosidad mística prehispánica”, no se
logró infundir a la sociedad de una identidad Espiritual Funcional, pues
también obedeció a fines puramente políticos, militares y de carácter afín al
los gobernantes, en este caso la Corona Española y al Vaticano. De nuevo los
valores universales positivos para el ser humano quedan de lado y la Religión
es un brazo coercitivo del Estado. Los pensamientos y doctrinas Protestantes que
desencadenó la Reforma de Lutero y los subsecuentes a él llegaban a cuentagotas
al país sin generar un eco de mayores dimensiones.
Es indispensable destacar que
durante las épocas mencionadas, el México Prehispánico y el México Colonial (La
Nueva España) hubo acercamientos a una Espiritualidad Funcional solo que con
rasgos asistencialistas y paliativos, como destellos en el oscurantismo
imperante, como brotes de primavera en un oscuro invierno desértico que
mantenía a la Nación en un letargo Espiritual.
Hasta aquí tenemos a un México de
Espiritualidad mística y litúrgica, sedado por la misma; la Revolución de
Independencia homogeniza un sentir social precario, el cual sucumbe en lo
espiritual al régimen litúrgico del Catolicismo Romano. El México Independiente
se preocupa más por mantener la Paz Social irónicamente con acciones militares,
se preocupa más por generar un Estado Político alejado de la Corona Española,
pero que arrastra en lo religioso los casi cuatrocientos años del Oscurantismo
Colonial para mutar en el Oscurantismo del México Independiente. Es en la
figura de Benito Juárez y en las Leyes de Reforma en donde se aborda y se
puntualiza a la religión en este caso la Católico Romana como responsable de
ejercer un monopolio totalitario en la espiritualidad del país y en donde se
inicia una conciencia del Derecho que tiene México a creer en lo que mejor le
parezca, aunque este razonamiento per se no se concentra en generar una Espiritualidad
Funcional en el pueblo mexicano. En esta época se gestaba en Europa la
reflexión de acusar a la Religión como “la droga de los pueblos”, que lleva
razón en el sentido de lo absurdas que son las prácticas litúrgicas y místicas fundadas
sobre dogmas que han lesionado de muerte a la sociedad mundial y que crean un
efecto sedante en la conciencia espiritual del pueblo.
Llegada La lustración, esta se
postula como el otro extremo de las alternativas espirituales, apela a la
espiritualidad intelectual de la sociedad y de los pensadores, se convierte en
una posibilidad real de acercamiento a los valores superiores del ser humano (Humanismo).
En México se entiende y se pretende la aplicación en las esferas teóricas, en
el progreso que el Estado proyecta para la sociedad pero que se pierde al intentar
ingresar al grueso de una población que mantiene un trance litúrgico y místico de
su cosmovisión.
Ya durante el Porfiriato se
manifiesta un desdén por lo Religioso, una justificada reticencia por lo Espiritual,
no precisamente por Don Porfirio quien manipula y usa a la Iglesia Católica,
pero si para los pensadores que desde su perspectiva la Iglesia solo ha servido
para mantener al pueblo bajo los efectos sedantes de su encanto paliativo. La
Revolución Mexicana como válvula de escape en la sociedad, no de toda la población,
trae consigo una ambivalencia notable en lo espiritual, seculariza las
instituciones pero no el corazón de los mexicanos, que tradicionalmente pondera
su religión como una identidad, con reminiscencias del pasado prehispánico pero
con el característico hermetismo del Catolicismo Romano. El gobierno es laico y
hasta cierto grado anti religioso, pero el pueblo es místico, tradicional y litúrgico.
Para entonces el mexicano se ha convertido en un ser altamente influenciable,
manipulable sistémico, de personalidad pobre y cultura ausente, resaltando que
me refiero al pueblo en general, pues los pensadores, los artistas, los
políticos son excepciones no siempre positivas para la generación de una
Espiritualidad Funcional.
La Revolución Industrial y la
Revolución Tecnológica principalmente en los medios de comunicación, nos abrió
a los mexicanos la ventana a la modernidad, para bien y para mal en cuanto a
Espiritualidad Funcional se refiere, los censos oficiales siguen arrojando un
Catolicismo predominante aunque este se vive diferente en las regiones del país,
expliquemos el sincretismo como una amalgama entre las costumbres autóctonas
locales y la doctrina cristiana del Catolicismo, obteniendo como resultado una
Religión que se adapta a las condiciones y que esto conviene para los fines de
la Iglesia Católico Romana, que no siempre se traduce en la generación de los
valores ya mencionados y que deben ser inherentes al Cristianismo original.
Ya en el México contemporáneo el
panorama espiritual no es muy alentador, es verdad que se ejercen más los
derechos de libre creencia, pero los objetivos de las distintas religiones no
son muy claros y nada contundentes en cuanto a la generación de valores que
ayuden a la sociedad a transformarse y mejorar. En general el mexicano es perezoso
para leer y queda indefenso para creer en el cuento que le quieran contar, es
místico y por esto queda limitado al terreno de las sensaciones y las
experiencias metafísicas, también el mexicano es tradicionalista y repite el “legado”
de repeticiones incoherentes aprendidas sin reflexionar en ellas, además de ser
litúrgico y encuadrar lo espiritual a meras acciones pseudo-solemnes que según
él lo hacen “espiritual”; en el mejor de los casos, el mexicano, se documenta
superficialmente para buscar su conveniencia dentro de alguna Religión o
variante Religiosa, un ejemplo claro son las deidades a manera de “santos” que
ha inventado y reinventado para “adorar” como la “Santa Muerte”, “San Juditas
Tadeo”, el “Santo Niño Futbolero” y otras manifestaciones fetichistas como “El
agua del Río Jordán”, el “Aceite de la Unción” entre muchas, muchas otras, esto
produce un círculo vicioso en el que la Espiritualidad Funcional sigue ausente.
Para una Espiritualidad Funcional
se necesita una revolución en el pensamiento del mexicano, tarea nada fácil de
conceptualizar y todavía más difícil de llevar a la práctica. El mexicano se ha
conformado a un Estado paternalista y a una Iglesia tradicionalista y dogmática,
aquí pongo de manifiesto que me he enfocado al Catolicismo Romano como la
Religión Mayoritaria según los censos de población registrados desde 1895.
Tenemos por un lado a un Estado fallido que se reinventa llevando a cabo las
mismas acciones y que da los mismos resultados, por otro lado tenemos una
Iglesia fallida que de igual manera perpetuando sus prácticas y procederes los
resultados en el tema de promoción de valores son mínimos, casi nulos. El
resultado, una sociedad viciada sin una identidad Espiritual Funcional dentro
del Cristianismo, llámese Catolicismo Romano, Protestante Evangélico u otra.
Si bien es cierto que Andrés Manuel
López Obrador es el único que ha planteado el tema aquí mencionado, también es
cierto que quien sea elegido como Presidente de la República no debe dejar
pasar la oportunidad de hacer un llamado de ayuda a las religiones de nuestro
país para contribuir a la transformación de la sociedad. El pueblo a gobernar
es el mismo, esperemos que los dirigentes, de cualquier nivel, de las
religiones se planteen asumir su responsabilidad histórica y poner cartas en el
asunto para Reformarse y emprender un camino que lleve a México hacía una
revolución de la Espiritualidad Funcional.



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