miércoles, 3 de diciembre de 2014

Magia a la luz de la luna, de Woody Allen


 Todos, alguna vez, hemos sido impresionados por algún mago, con actos de escapismo, desapareciendo monumentos históricos, incluso con levitaciones o hasta con un simple truco de cartas. Woody Allen es un mago. Más allá del genio cinematográfico Allen es todo un mago, un cineasta que a lo largo de más de cuarenta años ha acumulado trucos y ha generado una mística propia alrededor de sus filmes.

No hay secretos, ni cánones a los que obedezca la constancia de Allen como escritor y director, sus temas son variados, sus actores diversos y sus películas vigentes que por igual directores consagrados o novatos admiran y respetan su trabajo. También es cierto que el cine de Woody no es apreciado ni buscado por el público como el de otros directores, pero de ninguna manera resta genialidad y mucho menos calidad a su obra.

Magia a la luz de la luna es muestra de persistencia en su estilo. El tema de la película no gira en torno a la magia, Allen es el peor de los creyentes en la magia, más bien se centra desde la perspectiva del Allen escritor, en el engaño, desde la primera secuencia y hasta la última se presentan las artes del engaño con una característica de la filmografía de Woody, la excelencia; Woody Allen no es una marca registrada ni una industria a parte en el mundo del cine, es un creador que ha generado la excelencia en sus guiones y en la manera de dirigir sus producciones. Es precisamente su manera de contar una historia, al fin y al cabo el cine se centra en contar historias, lo que ha generado un sello o estilo atractivo y de una excelencia significativa. Magia a la luz de la luna es eso, el arte del engaño llevado con excelencia.


De los estilos más criticados en el cine, el de Allen es sin guardar las debidas proporciones, el más. Nuestro cineasta ya entrado en años es un sobreviviente de aquella generación de directores que deja los temas épicos y megalómanos con los que nació Hollywood y pasa a lo cotidiano, a relatar la vida de los mortales seres habitantes de este planeta mundano y diabólico, de ahí que sus acérrimos críticos lo tachen de ser un director lleno de clichés y temas recurrentes, siendo sinceros de alguna forma lo es, solo que no en ese sentido. El cineasta neoyorquino nos ha heredado grandes obras cinematográficas, también películas buenas, otras medianamente buenas, pero nunca malas películas; la mística creada por su obsesión en lo bien realizado ha dotado a artistas, actores, fotógrafos y demás, de una influencia poderosa en sus carreras individuales siendo esto otro componente en el estilo de nuestro mago de la cinematografía.

Ambientada y más que ambientada, enmarcada en la Francia de aquellos años veinte del siglo pasado, Allen nos dibuja el perfil del escéptico decimonónico peleado con la vida, nuevamente la amargura y la obsesión por el realismo acentuadas por la alta cultura hacen mofa de lo irreal y de lo simple, un mago de profesión es invitado por un colega a desenmascarar a una espiritista que pretende aprovecharse de la ignorancia de una familia adinerada, después de ser engañado también por la confabulación del amigo y la supuesta espiritista y con el omnipresente engaño, nuestro mago de reconocimiento internacional a la par de que se enamora también descubre la treta y regresa a su pesimismo habitual no sin antes pasar por algunas mini aventuras y llegar a su desenlace.

Con una fotografía casi inmejorable de Darius Khondji (Amour, Seven, Delicatessen, etc.), con un diseño de arte de la genial Anne Seibel (Marie Antoniette, Munich, Midnigth in Paris, etc.), con unas actuaciones de lo más decentes de Colin Firth y la in crecendo Emma Stone, el gran mago Woody Allen nos aprisiona en su mente mostrándonos la clase de artilugios que aun tiene en la chistera para seguir aportando a la cinematografía mundial este arte que hoy por hoy se encuentra lleno de directores, buenos y malos, pero con un solo Woody Allen que se resiste al tiempo y que seguramente su último gran acto será la inmortalidad.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Indignémonos y manifestemos nuestra indignación.

Las luces del alumbrado público de la Ciudad de México no eran, en es esos tiempos, muchas ni muy luminosas, yo era un chamaco de 16 años que comenzaba a encontrar su lugar en el mundo; de repente en el paradero de microbuses se escucharon disparos, gritos, en pocos minutos eso se convirtió en una “escena del crimen” llena de patrullas, ambulancias y curiosos, me acerqué entre la multitud y alcancé a ver a la víctima, una chica como de 25 años con su uniforme de trabajo, puse pausa a All apologies que sonaba en mi walkman y me hice para atrás mientras le colocaban una manta blanca encima y le colocaban una veladora.

                Lo sucedido en Ayotzinapa es un crimen, ya sea de Estado, de un grupo delictivo o de ambos, los crímenes deben resolverse y castigar al culpable según las leyes vigentes, al momento los supuestos autores intelectuales están localizados y bajo custodia de las autoridades. Lo anterior suena lógico y óptimo, pero en México no es así. En lo particular no creo mucho lo que dicen las televisoras y los medios acerca del tema, no creo mucho en lo que dicen las autoridades acerca del tema, en lo que sí creo es en la cara y en el dolor de sus familiares y en que, regresen o no, su vida nunca será la misma.

                Nunca supe porqué habían matado a la joven en el paradero de Mixcoac, nunca supe si se hizo justicia, lo que sí sé es que ella nunca llegó a su casa y que sus seres queridos no volvieron a ver su sonrisa, sus padres nunca volvieron a ver a la hija hermosa que acogían sus brazos, sus hijos nunca volvieron a ver a la madre trabajadora que les daba amor y comida. Durante mucho tiempo cuando salía en el microbús del paradero pasaba encima de la silueta pintada en el suelo de una mujer como de 25 años que murió de dos disparos y que nunca regreso a su casa. All apologies aún me trae a la cabeza sus ojos sin vida.

                Ayotzinapa dejó de ser el nombre de una comunidad en el Estado de Guerrero, no solo se une a la larga lista, Tlatelolco, Aguas Blancas, Acteal, Ciudad Juárez, Atenco, Casino Royal, Tlataya, por mencionar algunas; Ayotzinapa es ya también un sinónimo de Indignación, miles marcharon, se manifestaron y padecieron muerte por su indignación en Tlatelolco, otros miles lo hicimos por Aguas Blancas, por Acteal, por Ciudad Juárez, por el mismo Tlatelolco y un largo y doloroso etcétera, no pasó nada. También se levantó el EZLN en 1994 y varios miles marchamos en 1995 y 1996 por mejorar las condiciones de pobreza e inseguridad en la Ciudad de México y algo pasó. Se fundó el PRD como una nueva opción política que sirvió para catalizar estas manifestaciones de inconformidad incluida el EZLN y a la luz de la historia vemos que solo sirvió de manera momentánea y en su mayoría en esta ciudad. Y de las incógnitas: ¿Qué pasará con Ayotzinapa?  ¿Qué sucederá después por lo ocurrido en Ayotzinapa? Parece que ya tenemos la respuesta.
                
             Han pasado veinte años de que una joven murió en aquel paradero de Mixcoac y la vida me ha impuesto el dolor de observar más tragedias similares. Por esos tiempos durante mis estudios en el C.C.H. Sur y después de las primeras elecciones para elegir a nuestro gobernante en el Distrito Federal, tres personajes ofrecieron un panel de discusión en torno a el Movimiento de 1968 y sus repercusiones; el panel desbordó ideología de izquierda, ensalzó los efectos positivos incluidos los político electorales que pusieron a Cuauhtémoc Cárdenas en la Jefatura de Gobierno y terminó con canciones de Silvio Rodríguez y Óscar Chávez, en esa ocasión mi mente se empecinó en darle sentido a La era está pariendo un corazón con la fuerte carga sentimental en los ojos de Rosario Ibarra De Piedra por la desaparición de su hijo quién hasta la fecha no ha sido encontrado.

                Ya me cansé, externó en una conferencia de prensa el procurador Murillo Karam, quién en los noventa se desempeñó como Gobernador de Hidalgo, cargo que dejó en medio de un enriquecimiento inexplicado, para colocarse como Subsecretario de Seguridad Pública en la SEGOB. Ya me cansé, fue la frase que indignó a los manifestantes que apoyan a los familiares de Ayotzinapa y a los que de alguna forma le hemos dado seguimiento al tema. Estamos en el segundo mes de la desaparición forzada de los normalistas y en medio del descontento social local e internacional el encargado de la procuración de justicia en el país ya se cansó, la supuesta autoridad que tiene en sus manos las investigaciones, ya se cansó.

                En 2001 abracé la doctrina protestante en su manifestación Pentecostal, la cual desde entonces me ha obsequiado una forma de pensar y de vivir diferente en muchos sentidos, también me ha dado una óptica un poco más integral de lo que sucede a mi rededor. Pero lo mejor que me ha dado esta cosmovisión es no ser indiferente al dolor de los demás, aquí me permito citar a un pastor protestante luterano que fue preso en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

                Martin Niemöller, este pastor, se entrevistó con Hitler el cuál en los inicios de su carrera política engañó a las iglesias cristianas, incluidas la Católico Romana, pero cuando se dio cuenta de las intenciones del nazismo, unió a la iglesia en una confraternidad de iglesias protestantes alemanas para hacerle frente al Fürer, lo que le costó la libertad. Con lo anterior me refiero a la cosmovisión que el protestantismo me ha ayudado a complementar y también quiero ejemplificar que Martin Niemöller, Lutero, Martin Luther King Jr., Teresa de Calcuta, Samuel Ruíz, Alejandro Solalinde y una larga lista, han tomado la postura, superior a la religión o credo, de oponerse a lo que está mal hecho y esto no es por otra cosa que por el amor a la vida, por la indignación que produce la violencia hacia los pobres y desamparados, por la injusticia con la que el sistema resuelve las cosas.

                Desafortunadamente la iglesia protestante en México está más preocupada por el culto del domingo, por los congresos, por la siguiente asamblea distrital, y de ninguna manera está mal, pero está cambiando su primogenitura por un plato de religiosidad y liturgias, a los “líderes” les interesa más decirle a los chavos que no escuchen All Apologies ni La era esta pariendo un corazón, que fomentarles la información y la crítica, insisto que tampoco está de más el fomentar el civismo, el fomentar ser buen ciudadano y buen cristiano, pero eso es un deber, como orar es un deber, no es una acción por cambiar el entorno. Cristo no se sentó a orar solamente, no se limitó a cumplir con la ley, a Pablo no le bastó con reconocer a Cristo sobre su religión Judía. Ellos hicieron algo.

                ¿Qué hacer? Algunas personas piensan que manifestar su indignación nos pondría en una postura de rebeldía o de resistencia a la autoridad, pero esto no es de ninguna manera contrario, en este escrito no quiero ponerme hermenéutico, pero en un sistema democrático como el mexicano la autoridad recae en los ciudadanos, en el pueblo, no en el presidente de la nación, él ha sido investido con un poder que le damos por medio de una elección, este designa a sus colaboradores, su gabinete, lo hace por voluntad y sin consultar a los ciudadanos lo cual se entiende porque en teoría el presidente y los gobernadores, diputados y senadores hacen la voluntad de los ciudadanos que tenemos un contrato social con las leyes, esto es la constitución y etcétera, pero hay que ser tajantes, ni el presidente, ni los diputados, ni los senadores, ni el gabinete del presidente, ninguno de ellos es nuestra autoridad, en sentido más estricto, nuestra autoridad es el contrato social y este es el que ha sido quebrantado.

                Los protestantes, evangélicos y cristianos en general, somos ciudadanos, somos parte del pueblo que en una democracia es la autoridad, no veamos de manera dogmática al presidente y demás como nuestra autoridad, con eso podría quitarse un poco el sentido de "falta a la autoridad" que tenemos arraigado como pueblo cristiano. Entendiendo esto el compromiso aumenta pues somos responsables, en general el pueblo e incluidos los evangélicos, de haber dejado crecer este sistema que se ha salido de las proporciones tolerables, si es que este tipo de injusticias son tolerables en alguna medida. Nuestros hermanos también han sido perseguidos, desaparecidos y ejecutados, sin irnos a las persecuciones históricas tenemos Acteal en la que los ejecutados por paramilitares armados por el gobierno, eran evangélicos y los inocentes que fueron inculpados por el hecho también eran evangélicos, no hicimos nada.

                Otra cuestión a dilucidar y que corresponde a los ministros cristianos, es la cuestión política, nuestras leyes establecen que las religiones y específicamente los ministros registrados en la SEGOB, no deben incurrir en actos políticos, pero de ninguna manera recomiendo tal cosa y solo se necesita echarle un vistazo a los artículos 24 y 130 constitucionales para ver que no hay mayor problema con tener y externar una postura de censura a los hechos de Ayotzinapa dentro de los márgenes de la ley.

                Hemos guardado silencio, un silencio lastimero casi pusilánime, hemos sido indiferentes ante el dolor de nuestros hermanos mexicanos, nos hemos conformado con repetir como periquitos famosas sentencias como “debemos ser luz entre las tinieblas”, “oremos por ellos”, “hagamos lo que nos corresponde para poner el ejemplo”, “busquemos la voluntad de Dios”, “prediquemos el evangelio”, eso es lo mínimo y lo básico que debemos hacer. Orar, ayunar, interceder… son deberes que ya, en teoría, hacemos, pero qué más, qué sigue, o nos conformaremos con hacer solo lo que nos corresponde como siervos malos.

                Los partidos políticos nos han quedado mal, las comisiones de derechos humanos también, lo escribo como ciudadano y a título personal, no logran representar nuestro interés de justicia y rendición de cuentas por parte del gobierno ni de ellos mismos. Actualmente en México se necesitan alrededor de 220 mil ciudadanos para constituir un partido político, los protestantes evangélicos en la ciudad somos más o menos 475 mil según el INEGI, no quiero decir que constituyamos un partido o dos, lo que pretendo ejemplificar es que ya somos una fuerza ciudadana tangible que no se organiza y que más bien se aísla en sus “cotos de poder” llamados denominaciones, de las cuales las más grandes son El Concilio Nacional de las Asambleas de Dios A.R. y la Iglesia Nacional Presbiteriana A.R., esto no es a manera de crítica o reclamo, entiendo perfectamente la postura apolítica que se debe mantener para no violentar el Estado Laico, lo que no entiendo es la postura de indiferencia que esto ha producido al interior de las congregaciones.

                Son nuestros jóvenes los que se encuentran bombardeados de información en los medios de comunicación masivos, en las redes sociales, ellos son miembros de universidades y colectivos culturales, son ellos quienes seguramente están ávidos de encontrar una postura en la institución más importante después de la familia, su congregación o bien La Iglesia, no solo los jóvenes están al garete de esto, los padres también, de cierto no sé qué postura encuentran, lo que sí sé es que esos jóvenes ya están manifestando su inconformidad con los hechos de Ayotzinapa a veces sin la certeza de que están haciendo algo bueno, por el miedo que puede imponer el dogmatismo.


                Organicemos una fraternidad de evangélicos en la que se aborden estos temas, en la que se generen posturas y manifiestos, en la que se aproveche la experiencia y la formación profesional de los miembros para realizar contenidos de actualidad y estos sean difundidos, en paralelo hagamos foros en los que miembros destacados de diversas denominaciones respondan dudas referentes al tema y así tomen posturas en relación a los mismos, fortalezcamos los grupos de jóvenes para que entiendan bien su participación cívica fuera de las congregaciones y mientras organizamos todo lo anterior, lo urgente es que salgamos a la calle de forma pacífica identificados como protestantes evangélicos a manifestar nuestra indignación y nuestra solidaridad con el dolor de los familiares de los 43 seres humanos que han sido víctimas de un crimen y que como ciudadanos que también somos esperamos que los encuentren con vida y se esclarezca este asunto. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Aniversario


Por alguna extraña alineación de los astros, por alguna rara formación autodidáctica, por pertenecer a una generación “X” o incluso por haber comido puro chocorol cuando chiquillo, no soy adepto de celebrar a la usanza coloquial los aniversarios llámense cumpleaños, centenarios, luctuosos, memoriales y todo lo amplio de un etcétera. Soy más bien de autoanálisis, de autocrítica, de reflexión y de personalizar cualquier acción o actividad de encomiar a la “festejada” o “festejado” sea una persona, un evento histórico o una institución.


Todos los años son diferentes, nadie vive lo mismo que el anterior, entonces ¿porqué celebrar igual todos los aniversarios? Incluso algo más profundo ¿porqué celebrar? No tengo la respuesta, más bien una propuesta que más adelante comentaré. Por lo pronto y a manera de mensaje a mi amada esposa lo siguiente:

    Estos siete años han sido maravillosos, los mejores siete años de mí existencia en esta vida, el transcurrir del tiempo a tu lado nos ha fortalecido en lo individual, has sido la mejor esposa, la mejor madre, la mejor mujer, la más paciente, la más impactante, la más amable, tú significas el pilar más fuerte de nuestra familia y nuestras hijas no pueden tener mejor ejemplo de esfuerzo y empuje que el tuyo, nuestras madres no pueden tener mejor hija natural y adoptiva (nuera) que tú, mi hermana no puede tener mejor hermana adoptiva que tú, eres asombrosa, extraordinaria y hermosa, las personas que trabajan contigo son afortunadas de tenerte y esta misma ciudad no sería la misma sin ti, nuestro país y nuestro mundo no sería lo mismo si tú no estuvieras en él; te amo y te ruego que nos permitas a tú familia, a los habitantes de esta tierra, a los seres celestiales, a las generaciones previas y venideras, seguir contando con un ser humano tan bello que aporta para hacer de este trajinar más llevadero, permítenos seguir reflejando en tus ojos nuestras caras amorosas, sigue disponiendo siempre tus brazos para descansar en ellos y encontrar alivio en lo cálido de tus caricias. También te bendigo amada esposa, agradezco a nuestro sabio Dios por ponerte en mi camino y por iluminarte para que tu brillo nos sea consuelo y fuerza en la construcción de esta familia que te debe todo.


     Deberíamos esforzarnos más en celebrar a nuestros seres queridos, dejar las flores para diario o una vez al mes, poner atención en las transformaciones y cambios que ha sufrido la persona y con base en ello personalizarle un momento del día a celebrar, no solo mandar a hacer un pastel con el personaje en turno o de moda, los regalos caros casi siempre obedecen a una necesidad y la mayoría de las veces los íbamos a adquirir de todas formas, porqué no plantar un árbol y hacer un día de campo junto a él, porqué no comprar un juego de mesa según su personalidad y darle hasta la noche, cenas y comidas pueden ser un aderezo no el centro de la celebración, porqué no aprender a hacer cerveza artesanal y ese día regalarle una con etiqueta personalizada, no solo con su nombre o foto, porqué no asistir a algún museo con una exposición adecuada al momento, también podríamos aprender a tejer y hacerle alguna funda para su nueva sala, compu o qué sé yo, hay miles de posibilidades incluyendo el no celebrar, podríamos sentarnos en la sala y platicar, charlar, reír, llorar mientras cae la madrugada agradeciendo la existencia del ser querido y nada más. Pero es más fácil cumplir con el requisito social de los globos, el pastel, las velitas, las mañanitas y pensar “que buena persona soy yo al celebrarle a alguien más” y si no hubo los suficientes recursos para hacerlo sentir “qué mala persona soy por no tener para celebrarle”. No queridos lectores, rompamos el paradigma y ponderemos lo importante, la persona, las relaciones, lo afectivo, todo lo demás es pura demagogia.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Filosofía natural del amor, de Sebastián Hiriart.


El sábado pasado asistí a la Cineteca Nacional en búsqueda de “algo que ver”, no hay mejor sitio que la mítica Cinepuerca para esa encomienda, ni en internet se puede sentir la emoción de una búsqueda personal en la que se invertirá 2 horas (en promedio) de vida, mi principal intención era degustar alguna producción francesa del Tour de Cine Francés, la segunda opción era algo de Cine Nórdico (lo que sea que eso signifique) y la tercera cualquier otra; y así fue, generalmente evito producciones mexicanas en el cine por un prejuicio personal pero algo llamó mi atención, ese algo fue meramente coyuntural pues unos días atrás me atreví ver la biopic “Cantinflas” refrendando ese prejuicio al cine “nacional”, ese algo fue el título de la película y el nombre del director.

Generalmente las películas exponen la cosmovisión de los realizadores en cuanto a un tema determinado, Bergman, Godard, Einsenstein, Kubrick no me dejarán mentir, pero también generalmente estos autores no lo declararon en los títulos de sus filmes, Hiriart lo declara peligrosamente, y más arrojado suena hacerlo con el término “Filosofía” en el título. Con una pronta googleada uno se entera de quién es Sebastián Hiriart, por lo menos de forma somera, facebook, twitter, youtube, uno se da cuenta de su devoción por el cine, en México si no hay devoción por el cine se terminan haciendo películas como la gran mayoría de ellas en las últimas tres décadas, si no hay devoción se acentúa la pretensión; y creo que lo más pretencioso de esta película es su título, pero los títulos no son la película. Bajo este breve (instantáneo) análisis compré mi boleto y me dirigí a la dulcería, infame dulcería la de la Cineteca, infame la distribución arquitectónica de la Cineteca, infame su remodelación en general (no está fea) que pudo estar mejor planeada.

Con unas palomitas, refresco y pasas cubiertas de chocolate me dirigí a la sala 10, sin usar silla de ruedas me chuté la eterna rampa de subida y llegué a la sala, para mi sorpresa estaba llena (a un 90 por ciento), me senté en la primera fila pues mi cabalística séptima fila estaba repleta de chavitos de entre 15 y 20 años, como la mayoría de la sala. El destino me soltó a rajatabla un corto llamado “El regreso del vampiro” (Lew Landers se nos vuelve a morir) que me robó 6 minutos de vida, para después dar paso a la película.

Inmediatamente se percibe la temática de la película, sin ser predecible, lo experimental de sus tomas y su guión, sus actores profesionales y aficionados, pero lo que me hizo permanecer en la sala a pesar de la charla de la pareja sentada a mi lado fue la sensación que me provocó, no recuerdo una película de realización mexicana que haya visto en una sala de cine que me haya provocado algo desde Amores Perros (no quiero decir que me gustó), fuera de una sala otra película que me provocó e incluso me gustó fue “Paradas Continuas”; la sensación surgió por dos elementos, el audio y la fotografía, se agradece cuando en una producción latinoamericana el audio es decente, pero la fotografía es buena, no he visto más cine del director Hiriart, pero buen fotógrafo sí es.

A mi parecer el ritmo del filme es caótico pero interesante, lo que puede generar una buena “voz”, estilo, del director, el guión es muy decente y los actores le dieron algunos buenos acentos y matices, no hay una historia como tal a la que se enfoque pero la omnipresencia del concepto “amor” como hilo conductor da buenos resultados, las minucias que encuentra este “amor” logran proyectar la intensión del director, la cual creo yo es verter lo visceral y tierno, lo grotesco y canónico,  lo chido y gacho, lo convencional y exótico, que para él significa y que en general hacen de este “ensayo cinematográfico que yuxtapone…” un opción para voltear una vez más a lo producido en México.


Como espectador me hubiera gustado escuchar música estridente, algo de jazz o que hubiera diálogos más extensos con actuaciones más apasionadas, es más hasta otro título, me hubiera gustado una mejor dulcería en la Cineteca (las pasitas con chocolate son una grosería), me hubiera gustado una escalera para subir a las salas, una mejor distribución planeada de la arquitectura y una industria cinematográfica más decorosa en este país, pero esto es lo que tenemos y la virtud de creadores como Sebastián está en ello, en hacer lo suyo con los elementos que tiene a la mano y en realidad no lo hace mal, por lo que tiene mi buena crítica y recomendación.




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Cantinflas


Esta película biográfica es un esfuerzo más por hacer buen cine en México y de ésta premisa me permitiré hacer algunas precisiones semánticas con la intención de articular una opinión objetiva de la que derivará una opinión personal. 

Pues bien, comencemos por “…cine en México”, también podemos abrir el concepto a Cine Mexicano para su mejor definición; desde las épocas doradas del cine hecho en México, esto es desde los años 30 y hasta los 60, periodo durante el cual el cine internacional le dio a México un espacio prominente de “voz propia” con el Cine de Charros y el Cine de Luchadores además por supuesto de otros géneros en los cuales se destacaba algún elemento fílmico. La época dorada tuvo caducidad sin ecos relevantes dando paso a un cine mediocre y vacío, sin voz, reaccionario y oficialista, con sus debidas excepciones en las décadas siguientes (años 70, 80 y 90). Pero definamos “Cine Mexicano” como las producciones realizadas con presupuesto de fuentes mexicanas, hechas por realizadores mexicanos, con temas mexicanos y con actores en su mayoría mexicanos también, todo esto sin caer en nacionalismos arcaicos, ni ideológicos, ni administrativos, las películas fuera de este contexto sin menosprecio alguno solo serían “producciones con elementos mexicanos”. Es por eso que en la actualidad desde mi percepción existe un Cine Mexicano pero raquítico y en vías de desarrollo. Cantinflas es una muestra de ello.

Prosigamos con …”esfuerzo por hacer buen cine…”, ningún realizador, creo yo, quiere hacer una obra “mala”, esto es que no cumpla con lo mínimo en calidad y arte cinematográfico, pero tampoco la calidad y el arte cinematográfico le daría el estatus de “buena película” o “buen cine” y aquí puntualizo de manera silogística que si no existe el Cine Mexicano entonces las películas mexicanas son entes aislados, obras abortivas, sordas, ciegas y mudas, que se quedan en esfuerzos desolados y que necesitarían de una genialidad integral para pasar a la historia o trascender a la generación de influencia sobre las obras futuras, el ejemplo está en “El callejón de los milagros”, “Sexo, pudor y lágrimas” y “Amores perros” por mencionar algunas. Definamos entonces que estos “esfuerzos” son pinceladas caóticas de amplias expectativas con resultados infames.

Y terminemos este ejercicio con “Película biográfica…”, es sabido que dentro de los géneros más malagradecidos estás biopics están al contentillo del espectador de a pie, como del crítico, por lo que es fácil de definir como una creación cinematográfica dramatizada de un personaje determinado. Con eso.

Concluyendo la opinión objetiva, Cantinflas es una creación cinematográfica dramatizada de la vida del cómico mexicano, está película es un ente aislado, una obra abortiva, sorda, ciega y muda, que se queda en un esfuerzo desolado y carente de genialidad integral para pasar a la historia o trascender e influir (aunque ganase el Óscar, lo cual dudo).


En lo personal, me gustó Cantinflas, si bien es cierto que el guión es muy flojo y aburrido, tendencioso con vías a beatificar a nuestro querido personaje y que gracias a los diálogos los actores y sus personajes no destacan, además de que la ausencia de una fotografía seria e impactante, una ambientación pobre, un vestuario que pasa desapercibido y unas actuaciones de medio pelo podrían decepcionar a cualquiera, a mi no tanto, la razón, es que el director conocía las limitaciones del guión y del presupuesto, el director contó bien su historia pero con elementos mediocres salvo la edición de sonido, la iluminación y el uso de efectos digitales que me parecieron decentes. Cantinflas logró, por lo menos un momento, tocar mi gusto por el cine gracias a la cercanía con el personaje, en lo particular no me decepcionó porque no tenía expectativas altas para esta peli y si el devenir histórico le diese el Óscar, sería un deber emular los elementos que crearon una mística especial en su rededor y se convertiría en posiblemente una obra a “desmenuzar” para aprender de ella, si no gana el premio será tan olvidable como la mayoría del cine hecho en México, ahí está el detalle.

jueves, 27 de febrero de 2014

Blue Jasmine


El azul profundo de los ojos de Cate Blanchett enmarcados por su corrido maquillaje, una maltratada imagen de desaliño, una verde banca de parque anónimo y la personalidad cuasi esquizofrénica de Jasmine son los elementos de la última secuencia de la nueva película del genio del "cine gabacho” Woody Allen, una pieza imperdible para el cinéfilo buscador de algo propositivo y provocativo, obra llena de líneas virtuosamente satíricas, dramáticas, trágicas, cómicas en una sola toma.

El impecable diseño de arte, de vestuario, la ambientación, la fotografía, la música, la cámara, las actuaciones, todo manejado sin mácula como generalmente lo hace el experimentado director oriundo de Brooklyn permite al espectador olvidarse de distracciones y entrar en el mundo desmoronado de Jasmine, mundo con el que inmediatamente comienzas a conectar neurona y emoción, en el que fácilmente te sumerges en los diálogos que Woody construye y que sus actores materializan de manera virtuosa.


El diminuto cineasta no necesita de un reparto exótico o más bien exótico sí, pero no en cuanto a actores de renombre sino en cuanto a actores mundialmente desconocidos en su mayoría además de Blanchett, porque Baldwin solo aparece de vez en cuando, aquí encontramos una constante en las creaciones de Woody Allen, en el reparto encontramos actores que quieren actuar y que la “mística alleniana” los transforma explotando sus dotes de manera autónoma pues los mismos actores han declarado que no hay presión más allá de la normal por parte del director en comento.


El tiempo es llevado de manera tranquila y sin prisas para mantener al espectador atento, habitualmente quien se sienta a mirar y admirar una película de Woody Allen sabe que de pronto el contenido del guión le hará hacer más de una pausa mental para ubicar información en su propia cabeza y que eso dará un toque, si acaso no de pesadez, sí de reflexión constante.

En resumen la historia es tan simple como la vida misma, una mujer que ha perdido su estabilidad emocional y financiera llega a refugiarse a la casa de su hermana, con quien ha tenido siempre una relación tormentosa, con la intención de hacer una nueva vida pasa por situaciones en las que sus “demonios” la persiguen y la atormentan haciendo que termine en dónde comenzó, a un paso de la completa demencia.

Cate Blanchett con una actuación más que pulida y cobijada por los demás elementos cinematográficos de Blue Jasmine es contendiente y merecedora del Óscar curiosamente como muchos de los actores que han interpretado personajes de Woody Allen, además la película está nominada por mejor guión original categoría que se ha llevado tres veces el genio neoyorquino. Degustar esta película será un placer para el espectador.


Aquí un par de entrevistas:







martes, 11 de junio de 2013

La nueva de Woody como pretexto para escribir mi primer encuentro con él.

Es durante estas temporadas cuando inevitablemente regreso a la escritura. Qué mejor pretexto que la nueva película de Woody Allen.

He sido etiquetado como “hipster”, “pretencioso de intelectualidad” y otros tantos y poco creativos epítetos por culpa de mi gusto hacía la cinematografía del creador neoyorkino, aun con eso mi empatía por su cine es genuina y legítima.

Todo comenzó en mi época de “ceceachero” en el entorno inmejorable para un chilango embrión de cinéfilo como el que proporcionaba la Cineteca Nacional, presentaban un ciclo del cineasta en mención. Ese lluvioso agosto y día de mi cumpleaños regresaba del centro de Coyoacán y pasé a ver que me deparaba el destino en las salas poco cómodas, poco estéticas y poco concurridas de la Cineteca, el ciclo incluía para la jornada “Annie Hall”, “La última noche de Boris Grushenko”, “Poderosa Afrodita” y “El gran amante”, totalmente desconocedor del trabajo de Woody Allen elegí, también gracias a que estaba en el siguiente horario, “El Gran Amante”.

Para ese apocalíptico año de 1999 la exposición de cine en México tenía poco tiempo con la gran innovación de las multisalas de cinemex y cinépolis las cuales como hasta el momento son acaparadas por producciones hollywoodenses, la cartelera destacada de ese entonces fue “Matrix”, “El Club de la Pelea”, “Belleza americana”, “El sexto sentido”, “Ojos bien cerrados”, “Estigma”, “Milagros inesperados”, buenas películas creo yo, pero lo que me esperaba en aquella tarde cambiaría mi manera de apreciar el cine. Los dramas no eran mi fuerte, mi juventud pujaba por acción y ciencia ficción en el cine, el drama y la tragedia la dejaba para la literatura y la comedia para la televisión.

Compré una coca cola en lata, unos “chicharrones” con salsa valentina y con limón demás de unos emanems. Debo aceptarlo, poco convencido me metí a la sala, había una pareja a tres filas de donde me senté, un grupito como de cinco personas por otro lado y unas treinta personas regadas por la sala también solas, solas como según yo se debe disfrutar el cine. La película comenzó y terminó sin que provocara en mi gran cosa, de hecho el tiempo se me pasó realmente rápido, no hubo momentos en el que el sonido fuera escandaloso, no hubo acción al estilo Hollywood, no hubo sangre, no hubo una mujer exuberante, no hubo erotismo desbordado, ni amor del cursi, ni un tema trascendental para la humanidad. Salí de la sala y ya no llovía, me senté en una de las mesitas de la plazuela que está entre las salas, no me alcanzó para el café, abrí mi revista para intentar leer y de pronto comenzó esa grata sensación de recordarla película que acabas de ver minutos antes, me encontré riéndome de mi mismo al recodar la risa hilarante que minutos antes me abordaba durante la proyección, recordé los detalles del diseño de arte, el vestuario, las actuaciones de Sean Penn, de Samantha Morton, de Uma Thurman; de entre lo mejor la música y el guión, la fotografía y la ambientación, había visto una película en la que el director me metió de lleno a la historia que quiso contar, una historia tan particular y sin pretensiones de grandeza, una historia tan común y burda, abordada de manera realista, pesimista, cómica y dramática. Ese fue mi primer acercamiento al cine de Woody Allen hace 14 años, nada pseudointelectual ni hipster, fue el encuentro con la obra de un genio del séptimo arte.


Pasemos pues a su nueva película de la cual no se sabe mucho aún, pero ya hay “tráiler”:



Será protagonizada por Alec Baldwin y Cate Blanchett, fue filmada en Nueva York y en San Francisco, se espera su estreno a finales de junio en Estados Unidos.