En estricto sentido Bíblico, Jesús nunca instituyó celebrarla.
En el mismo sentido, las medidas de tiempo en este caso un semana no se “Santifican”.
Es una estrategia de dominación de masas desde hace más de 1,600 años.
Ahora resulta, más bien resulta que desde hace poco menos de 1,700 años que ¡hasta las “Semanas” son santas!, no es de extrañarse cuando la costumbre es y era “Santificar todo lo políticamente manipulable”. Tampoco es raro que en días anteriores el Jefe de Gobierno de esta Agitada Capital del País haya declarado como Patrimonio Cultural de la Ciudad de México a la Representación de la Pasión de Cristo en Iztapalapa apoyado en el argumento de que es necesario “preservar, difundir y promover la tradición”.
Si de verdad le damos el beneficio de la duda a los integrantes del Primer Concilio de Nicea pudiéramos rescatar una buena intención al proclamar la conmemoración de los últimos días de Jesucristo, pero seamos honestos ese concilio se celebró a 12 años de terminada la persecución hacia los cristianos, una persecución de casi 300 años, una persecución brutal, encarnizada, desmedida y violenta, esto porque seguramente que los líderes de las congregaciones locales (no los líderes políticos cristianos) no pensaban en andar instituyendo celebraciones sino más bien estaban en plena transición a una vida lejos de la persecución declarada, luego entonces los “invitados” al concilio en mención pues en definitiva traían otro “cassette”, el de Conciliar, Normar, Institucionalizar una Religión que le tenían que meter al no pequeño Imperio Romano, ¿qué ideas tuvieron? Fiestas y celebraciones, como la Semana Santa. Que sería aprovechada a lo largo de todo el Oscurantismo y que absurdamente en pleno siglo veintiuno la celebran con singular alegría.
Pues ya no “difamando” el honor de los Conciliadores de Nicea supongamos que La Semana Santa tuvo en sus orígenes una noble causa, recordar el sacrificio de Jesús, ¿Y luego? Después de que el imperio llegaba a conquistar las “tierras nuevas” y después de devastar a la población esperaban a la siguiente semana santa para “actuarles una representación de los últimos días de Jesús” para convencerlos de que el Cristianismo léase Catolicismo Romano era la única opción para profesar una espiritualidad nueva.
En el caso de América Latina, de México, en específico de este mi Valle del Anáhuac, lo absurdo se hace patente a casi 500 años, a punta de lanza, a filo de espada nos metieron una religión después de varios miles de caídos autóctonos, exterminando una cultura tan rica y tan diversa. Lo absurdo, ahora al ver a las personas entregarse irracionalmente a tradiciones incoherentes, defendiendo esas tradiciones con el brillo de la ignorancia y la intolerancia, hasta proclamando eso absurdo como patrimonio cultural.
En estas fechas y sin temor a equivocarme, pocos son los que realmente reflexionan acerca del los últimos días de Jesús, desafortunadamente comen las migajas religiosas que les ofrece una Jerarquía manipuladora y cambian su primogenitura (condición privilegiada) por un plato de tradición sedante.



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