Quiero que quede muy, muy claro que este segmento NO ES categóricamente y de ninguna manera, una CRÍTICA, ni un comentario de la predicación de la congregación a la que asisto, es más bien una profunda REFLEXIÓN PERSONAL, de los temas o conceptos en los que he pensado durante la semana y que algunos los contuvo dicha prédica o no.
Arrepentimiento desde la Razón dentro de la Fe.

Durante estas semanas he estado pensando recurrentemente en el futuro, de repente muy en lo práctico y de repente muy en lo alucinado. Hace casi quince días que me avisaron que mi mentor, padre espiritual, amigo y maestro estaba en el hospital, y es común creo yo, que cuando sucede algo así piensas en muchas cosas, en mi caso y por la cercanía que tengo con él pues fue quien me enseñó gran parte de lo que sé y lo que soy en lo cristiano y lo personal, tuve una profunda reflexión, más bien varias reflexiones, pero una en especial del futuro y todo apuntaba a la misma dirección, Dios.
Entendiendo la vida natural del hombre que nace, crece, se reproduce y muere, esto lo ubicaría en el estatus de un animal más de entre los muchos que hay en el mundo, los filósofos y científicos ignorantes de las enseñanzas bíblicas incorporando su capacidad de raciocinio lo elevan a “animal racional” pero definitivamente solo hace falta tener un criterio más integral para saber y convencerse de que el ser humano es un ser diferente a los animales, un ser integral, yendo más allá es un “Ser creado por Dios para coexistir con la creación bajo su señorío, designado como administrador del planeta y como compañero de Él durante su estancia en el planeta y en el futuro fuera de él”. Naturalmente que esta definición no ha sido aceptada por todo ser humano y sus destinos particulares son diversos durante su vida y después de ella llevan la misma suerte.
El ser humano está destinado a tener una experiencia espiritual desde su nacimiento, todo ser humano es perfectamente capaz de experimentar lo espiritual, por lo que durante su vida, desde que nace y mientras crece e incluso y naturalmente durante su muerte. Es cuestión de tiempo el tener conciencia espiritual, es decir, saberse capaz de interactuar con lo espiritual, lamentablemente el escaparate de “lo espiritual” está saturado de opciones que se adecuan a la naturaleza egoísta con la que se ha formado el ser humano y seduce a quien adquiera conciencia espiritual. Aun con todo esto el ser humano diseñado para relacionarse espiritualmente con Dios obtiene siempre una oportunidad para hacerlo de manera adecuada es decir desde los términos que Dios ha propuesto a través de la Biblia, siguiendo este razonamiento y pensando en el futuro del ser humano individual, “yo”, “tu”, estamos destinados a conocer a Dios solo que la incertidumbre espiritual (pecado, pueden leer en otras entradas de este Blog el concepto de “pecado”) nos desubica de la realidad espiritual y hace que el futuro personal se torne en una vida de incertidumbre práctica, esto es, que la falta de acercamiento a lo espiritual desde los términos establecidos por Dios a través de la Biblia crea esta incertidumbre con efectos colaterales terribles en las esferas de la integridad humana (Espiritual, Mental-Emocional y física).
El futuro del ser humano individual, “yo”, “tu”, debe verse embestido por la preocupación del mismo Dios de proporcionar el medio que lo lleve a lo que comúnmente se le llama arrepentimiento, en términos bíblicos este arrepentimiento es un proceso mental-emocional que lleva al individuo a la autocrítica desde la perspectiva de la ética bíblica y esta autocrítica lo sensibiliza a generar la certidumbre o convicción de mantenerse dentro de esta ética bíblica que ha decidido aceptar como parte de su vida. Luego entonces qué sucederá con las personas que están en el momento de conciencia espiritual o que ya poseedoras de esta conciencia y que se ubican en una religión dogmática (incluidas denominaciones protestantes), su futuro es la religiosidad y con ella el formar parte del mundo que vive en incertidumbre existencial. Y mientras las religiones crecen y decrecen preocupadas solo por trascender en sí mismas y no generan la madurez para realizar la encomienda superior que le preocupó a Jesucristo desde hace un par de miles de años “Transmitir la certidumbre de un Dios cercano a los que están esperándolo en un mundo de incertidumbre”.
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