
Pues bien, la cuestión de la música es muy discutida entre el interior de las religiones (religión como conjunto de personas con creencias, ritos, costumbres y liturgias en común) los musulmanes, los católicos, los protestantes y otras religiones basadas en la Biblia, no logran ponerse de acuerdo en el proscribir o no la música que no va dirigida a la alabanza a Dios. Lo cierto es que existe la música como lenguaje universal y como cualquier lenguaje, cualquiera puede usarlo como medio de exteriorizar sus estados internos y el escucha la interioriza de diferente manera o con diferente intención del creador, esto es, la música comienza en el ser humano por el medio que sea, inspiración emocional, divina u otra, y es el ser humano quien la ejecuta y es también el ser humano quien la escucha y la promueve.
Individuo X hace música – Individuo Y escucha la música del Individuo X – individuo Z ejecuta la música del Individuo X – Individuos ABC escuchan la música del Individuo X ejecutada por el Individuo Z.
Este trabalenguas logístico es para ejemplificar la diversidad de intenciones y situaciones que la música puede conllevar. El Rey David según la Biblia, compuso Salmos (cantos acompañados de un instrumento de cuerdas) dirigidos a Dios y que en algunos definitivamente no se veía una intención tan buena, como en el caso de querer exterminar a sus enemigos, pero sin embargo en alguna época del catolicismo romano solo se permitía la música de estos pasajes bíblicos interpretados por voces porque también los instrumentos musicales fueron declarados “del diablo”. Actualmente las religiones mencionadas al principio en sus grupos más ortodoxos y hasta en unos más liberales deciden proscribir la música no dedicada a Dios como hecha por el diablo, claro, no con esa claridad pero la llaman “mundana”, “secular” entre otras y con esto presionan y limitan la interacción de los individuos con este arte que en la mayoría de los casos es un placer degustarlo.
Yo me atrevo a proponer una clasificación general de música basada en el sentido de la intensión de la obra:
En las categorías anteriores se necesita un mínimos de conocimientos para hacer música, en la actualidad podría encasillarse en canciones solamente pero en esta ocasión me refiero a todo tipo de género musical. Tomando como ejemplo la pieza Oh Fortuna del Carmina Burana de Carl Orff se dice que es una pieza de música profana y creo que cualquiera que la escucha, sepa o no latín, sabe que es un deleite la técnica y la calidad con la que esta fue realizada, pero ya es hasta que se analiza el contexto de la pieza hasta cuándo se puede determinar personalmente si es profana o no lo es.
Mi conclusión es que la música es un arte como cualquier arte de la humanidad, la hay buena y mala desde los puntos de vista muy personales, es una manifestación individual (aunque sea una obra colectiva en autoría y ejecución) que puede afectar o no, depende de la claridad con la que se escuche, a las personas que la escuchen. No hay música mala en el sentido de que pueda en sí misma un producir un efecto negativo en el individuo, pero reconociendo que un individuo previamente dañado y con la intención de dañarse más puede acceder a algún tipo de ella para conseguir ese efecto. Por lo que escuchar música, independientemente del género, no trae efectos dañinos.
1 comentario:
La música, yo creo, es además un medio para sensibilizar tus sentidos, y al final, ya sensible, sólo puedes llegar al entendimiento de que la música no puede tener otra raíz sino Dios.
Dios es el que pone en algunos individuos la capacidad extraordinaria de plasmar con notas sus sentimientos y su sensibilidad, sensibilidad que expone su espiritualidad.
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